El mundo patas arriba

En la Alemania de finales de la década de 1920, en 1929 para ser precisos, el gran fotógrafo alemán August Sander publicaba su serie de retratos -cientos de retratos-, que buscaban describir la sociedad de su país en aquel momento: Hombres del siglo XX. Se trataba de una serie de tipos variados, quienes han quedado para la historia como la imagen de un mundo que la llegada del nazismo -y posterior división en dos de Alemania- cambiaría para siempre.

Seguir leyendo

 Puso en tela de juicio los valores que llevaron al mundo hasta la Segunda Guerra Mundial, buscando de emociones, pero solo para tambalearlas  

Opinión

Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Puso en tela de juicio los valores que llevaron al mundo hasta la Segunda Guerra Mundial, buscando de emociones, pero solo para tambalearlas

Baselitz, en una exposición en Venecia en 2021.Andrea Merola (EFE)
Estrella de Diego

En la Alemania de finales de la década de 1920, en 1929 para ser precisos, el gran fotógrafo alemán August Sander publicaba su serie de retratos -cientos de retratos-, que buscaban describir la sociedad de su país en aquel momento: Hombres del siglo XX. Se trataba de una serie de tipos variados, quienes han quedado para la historia como la imagen de un mundo que la llegada del nazismo -y posterior división en dos de Alemania- cambiaría para siempre.

Apenas diez años después, en 1938, nacía cerca de Dresde, en la parte oriental del país, Georg Baselitz, uno de los artistas más potentes del siglo XX -y hasta del XXI-, capaz de enfrentar la pintura como un incuestionable derecho a la protesta, una búsqueda constante de la confrontación con lo establecido, cualidades que hicieron de él un espíritu inesperado y libre. Autor de cuadros de gran formato, cuadros capaces de tragar a los espectadores, y una figuración inclasificable, fascinó a la Nueva York de la década de 1980, bajo el nombre de Neoexpresionismo alemán, cierta generación de artistas que fueron, sin embargo, mucho más que la moda del momento: ponían en tela de juicio los valores que llevaron al mundo hasta la Segunda Guerra Mundial, buscadores de emociones, pero solo para tambalearlas.

Lo demuestra una de las primeras y más poderosas series de Baselitz: Héroes y Tipos Nuevos, unos cuadros impresionantes que conmocionaron a Alemania. ¿Cómo ser artista después de la Segunda Gran Guerra? ¿Cómo ser artista en aquel país, a medio camino entre resignado y frágil? De modo que sus héroes -en el lado opuesto de la Alemania en construcción y moderna anterior a Hitler- eran soldados tullidos, vulnerables, sin un ápice del orgullo o el valor que la pintura les suele adjudicar. Eran lo indefenso, lo que su país -y hasta Europa- ofrecía al mundo a mediados de los años 60, turbador y desafiante en su vulnerabilidad, igual que las figuras del artista.

Poco después Baselitz llevaría la protesta un paso más allá: no era bastante con desvestir el mundo y a los objetos en cuadros extraordinarios que aturdían los espacios y a los ojos. Con un París en llamas donde se arrancaban los adoquines de las aceras, el alemán decidía hacer su primera serie con las figuras boca abajo, una forma de representación que sería su marca desde entonces y que brilla con luz propia en la serie Amigos, increíbles retratos invertidos que retaron -y siguen retando- nuestra audacia desde ese mundo patas arriba.

Romper el consenso de la mirada, hacer la perspectiva al uso añicos, fue lo que persiguió a lo largo de su larga e intensa carrera; mover las miradas y el suelo bajo los pies de quienes le miramos. Pintar con los dedos, con las manos, con los pies; pintar sin tregua para dar la vuelta -literal- a las cosas. “Un objeto pintado al revés es apto para la pintura porque no es apto como objeto. Carezco de nociones sobre la solidez de la representación. No corrijo la exactitud de la representación. Mi relación con el objeto es arbitraria. La pintura es organizada metódicamente por una inversión agresiva y disonante de la ornamentación”, explicó. Esa relación disonante frente al mundo habla de algo que se va sin remedio con la muerte de Baselitz, un modo de hacer berlinés -si se me permite el estereotipo-, que es a un tiempo radical y lleno de humor ácido; que enraíza, en sus formas de subversión, con la multiplicidad de tipos retratados por Augustt Sander y que hablan de ese mundo anterior a la guerra hacia el cual, pese a la rebelión y la crítica despiada, Baselitz -igual que tantos en su generación- sintió una enorme nostalgia.

Mis comentariosNormas

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Please enable JavaScript to view the <a href=»https://disqus.com/?ref_noscript» rel=»nofollow»> comments powered by Disqus.</a>

Archivado En

 Feed MRSS-S Noticias

Noticias Similares