El hiperrealismo que obliga a mirar lo insoportable: Gottfried Helnwein llega a Madrid

Recorrer los oscuros y laberínticos espacios de Solo Independencia, una escondida galería de arte en el centro de Madrid, es toparse inevitablemente con un festival de muecas y gestos, entre la aversión y el asombro, de quien mira las obras que ahí se exponen. Por las paredes cuelgan pinturas de niñas vendadas con el rostro chorreante de sangre, personajes de Disney con sonrisas endemoniadas, figuras siniestras, mitad hombres, mitad pajarracos, o escenas tan perturbadoras como una representación de la Epifanía con Hitler como el niño Jesús, rodeado de Reyes Magos de las SS. Obras que impactan no solo por su contenido, sino también por su forma: con un hiperrealismo extremo que las hace fácilmente confundibles con fotografías y unas dimensiones enormes.

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 La galería Solo Independencia inaugura la primera retrospectiva en España del artista austriaco, célebre por sus pinturas grotescas de niñas ensangrentadas o abusadas  

Recorrer los oscuros y laberínticos espacios de Solo Independencia, una escondida galería de arte en el centro de Madrid, es toparse inevitablemente con un festival de muecas y gestos, entre la aversión y el asombro, de quien mira las obras que ahí se exponen. Por las paredes cuelgan pinturas de niñas vendadas con el rostro chorreante de sangre, personajes de Disney con sonrisas endemoniadas, figuras siniestras, mitad hombres, mitad pajarracos, o escenas tan perturbadoras como una representación de la Epifanía con Hitler como el niño Jesús, rodeado de Reyes Magos de las SS. Obras que impactan no solo por su contenido, sino también por su forma: con un hiperrealismo extremo que las hace fácilmente confundibles con fotografías y unas dimensiones enormes.

El responsable es un hombre alto, de 77 años, que las mira con las manos en la espalda, adornadas por unas enormes calaveras en forma de anillos. Viste de negro de los pies a la cabeza, un pañuelo también negro en la frente y gafas de sol. Se llama Gottfried Helnwein, vienés, y es seguramente el creador austriaco más popular de los últimos años, un experto del arte del shock. “Me gusta mucho este lugar”, dice impasible, “es muy oscuro”. Está ahí para inaugurar la primera retrospectiva que ha tenido hasta la fecha en España, abierta hasta el 31 de diciembre.

El sitio que la recibe es tan peculiar como él: una galería situada delante de la Puerta de Alcalá de Madrid, creada en 2018 por Ana Gervás y David Cantolla y diseñada por el arquitecto Juan Herreros. Aislado, en pleno epicentro turístico, de los grandes públicos, el lugar es todo menos convencional. Las obras conviven con espacios de trabajo, como una biblioteca o una cocina, y no hay ninguna señalética ni cartelas que hablen de las piezas expuestas. ¿La razón? Desde su creación se pensó para ser un espacio reservado y no abierto al gran público: al llegar te recibe una puerta cerrada, hay que pedir cita para acceder y —esta exposición es la primera excepción— suelen ofrecer solo visitas guiadas. El ambiente en la presentación de HELNWEIN: mundos invertidos, dirigida a un reducido grupo de periodistas internacionales, da cuenta del exclusivismo. El propio artista recorre la muestra con calma, habla de sus obras y responde preguntas con una calidez que contrasta con su apariencia excéntrica.

“Suelen decir que soy un artista del shock. No, el mundo es impactante [shocking], pero la gente tiene un mecanismo muy bueno para no ver las cosas que suceden, así que lo que quiero hacer es que el shock que el mundo nos entrega sea parte de la conversación. Yo no soy un artista del shock, el presidente de Estados Unidos, por ejemplo, sí que lo es”, cuenta como para introducirse.

Las obras que se exponen en Madrid son solo una pequeña muestra, 40, de una producción multidisciplinar de cerca de media década que incluye fotografías, pinturas al óleo, acuarelas, dibujos, esculturas, performances o hasta colaboraciones con la ópera — en 2005 diseñó para la Ópera de Los Ángeles la estética, desde la escenografía hasta el vestuario, del Caballero de la rosa, el año pasado repuesta en la Ópera de Zúrich—. Y aunque, como bien dice el propio artista, sus “obras más retadoras” (o grotescas) no han viajado a Madrid, la selección sí traza el recorrido artístico y los temas que le han interesado a lo largo de los años: desde el protagonismo de personajes de Disney, hasta el interés por los desastres de la guerra o su atracción por el manga.

Si hay algo que la atraviesa toda, es la representación de una infancia todo menos feliz, “una metáfora de la existencia humana”. Sus pinturas de niñas ensangrentadas, vendadas o acosadas por adultos son las que más éxito le han dado. “Desde el principio he mostrado a niños lastimados, sufriendo los efectos de la violencia y abusados, y siempre me han atacado por eso, pero el tiempo siempre me ha dado la razón”, cuenta Helnwein, que vuelve a su argumento inicial: “Recientemente, el poder más grande del mundo lanzó un cohete a una escuela y mató a 70 niñas pequeñas. ¿Qué pasó? Nada, no significó nada”. Sus temas le han causado, efectivamente, también problemas de diversas índoles. Desde los que lo acusan de sensacionalismo, de aprovechar la violencia para vender, hasta casos de censura. En los años setenta, por ejemplo, el alcalde de Viena, donde nació, ordenó a la policía que confiscara sus lienzos en una exposición. “Nada de eso me importó”, defiende el artista, “significa que toqué puntos sensibles. Solo son pinturas, no es nada. ¿Por qué alteraría a alguien? Porque es algo que ya estaba ahí y que remueve”.

La oscuridad de los temas que trata viene de su propia infancia. Gottfried Helnwein nació en Viena en 1948, en plena posguerra. Aquello, lo cuenta él mismo, era como “vivir en el infierno”. “Austria estaba deprimida, la sombra del nazismo seguía ahí, las casas estaban bombardeadas. Los niños estaban en el lugar equivocado, nadie sonreía, nadie era feliz. Era realmente malo”, dice. Pero su vida cambió cuando su padre llevó a casa el primer cómic que conoció. Un tebeo del pato Donald de Carl Barks. “Fue la primera vez que experimenté el color, el espacio, la velocidad,.. Fue un choque cultural. Pude ver cómo la cultura puede tener un impacto enorme en los seres humanos. Puede cambiar todo”, explica.

A ese Donald que descubrió más tarde lo llevó a su terreno, uno siniestro, sentándolo en lienzos al lado de un Hitler sonriente o dibujándole una mirada que más que una ilusión infantil parece una pesadilla. Una contradicción estética que se puede ver en la primera sala del espacio madrileño junto con fotografías de una colaboración con Marilyn Manson — “Un hombre muy sensible, muy inteligente”—, también perturbadoras, con el músico maquillado y con orejas de Mickey Mouse.

El mismo proceso hizo más tarde con el manga, cuya “impresionante estética”, cuenta, “se apoderó de todo, se volvió omnipresente para una generación distinta”. A figuras femeninas de anime las coloca en primer plano, delante de grandes columnas de humo y fuego. “Hoy no sabemos si lo que vemos es IA o si es real: quería mostrar catástrofes reales con este ser humano artificialmente insertado y cómo se borra la línea entre ambas cosas”. Todas estas son parte de la serie Los desastres de la guerra, una referencia explícita a Goya, uno de sus modelos artísticos. “Un hombre”, lo describe, “que mostró la guerra como realmente es, el momento en que la humanidad se hunde en lo más profundo y las personas se convierten en animales”.

Su capacidad para conectar con distintas generaciones y durante un periodo de tiempo sostenido lo han convertido también en una especie de celebridad artística. Ha sido constantemente expuesto, sobre todo en Europa, y con algunas grandes muestras, como la retrospectiva en la Albertina de su ciudad natal en 2013 y otra inaugurada en el mismo sitio en 2023 que rompió el récord de visitas para una exposición de un artista vivo en la historia de la institución. Pero, paralelamente, ha coqueteado con un estrellato tipo Hollywood. Sus obras las han comprado personajes como Nicolas Cage, ha fotografiado, además de a Manson, a Mick Jagger y es buen amigo, por ejemplo, de Sean Penn.

“Para mí el lienzo es como un escenario, puedo crear lo que quiera, mezclar lo que quiera. Yo soy aquí la inteligencia artificial, soy Dios, creo mi propia obra de teatro”, cuenta. Y a veces, quizá sin ser intencionado, también lo ha hecho en su vida. Su pinta oscura, con la que va a todas partes, lo han convertido en un personaje. Hace no mucho años dejó su residencia en Alemania para ir a vivir a un castillo neogótico en Irlanda con su esposa y sus cuatro hijos — “La familia Addams de la vida real”, los describió alguna vez The New York Times—. Ahí, por cierto, Marilyn Manson se casó con Dita Von Teese en 2005, en una ceremonia oficiada por el cineasta surrealista Alejandro Jodorowsky. Aquel día, dan cuenta del suceso varios medios, el techo del baño donde Von Teese se preparaba antes de la ceremonia se derrumbó y ella y su dama de honor se libraron por un pelo. “Fue el espíritu de una mujer celosa de Dita”, contó también a los medios Helnwein. Que alguien niegue que de ahí sale una buena película.

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