Laura Alonsopérez, exclusiva: “Soy candombera desde siempre. Y hoy, por mi decisión y mi compromiso, vengo a acompañar a Balelé. He visto que las comparsas se han ido incluyendo en la sociedad poco a poco, porque, en el pasado, Montevideo estuvo muy centrado en el candombe”. pic.twitter.com/nWm6OVSCCH
— VTV Noticias (@vtvnoticiasuy) January 22, 2026
El rugido de los tambores en el Desfile de Llamadas suele ser sinónimo de alegría y tradición. Sin embargo, tras la última presentación de la comparsa Balelé, un silencio ensordecedor de agravios en redes sociales ha puesto sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿Hasta qué punto la celebración carnavalera y la sociedad en su conjunto son realmente inclusivas?
La primera comparsa inclusiva del Uruguay, fundada hace una década, ha tenido que salir al paso para denunciar una ola de “agresiones, burlas y ofensas” dirigidas específicamente contra el colectivo de personas con discapacidad que la integra. El episodio ha trascendido por la participación en el desfile, el pasado jueves, de la coreógrafa Laura Alonsopérez, esposa del presidente de la República, Yamandú Orsi.
Su acompañamiento, lejos de ser el foco, terminó opacado por la virulencia de los comentarios posteriores. Fue entonces cuando la agrupación, con sede en el barrio Prado, decidió alzar la voz. En un comunicado firmado por sus directores Silvia Iroldi, Paula Trías y Gabriel Seara, Balelé expresó: “Repudiamos enérgicamente las agresiones, burlas y ofensas vertidas en redes sociales por personas que, amparadas en el anonimato o en la ignorancia, atacan no solo a nuestro colectivo sino, de forma directa y violenta, a las personas con discapacidad que lo integramos”.
El texto no se limita a una queja, sino que es a su vez un análisis severo de lo que consideran una violencia estructural. “Estas expresiones no son opiniones: son actos de discriminación, de desprecio y de violencia simbólica que reproducen estigmas históricos y vulneran derechos básicos”, señalan.
Y añaden, con un tono de amarga decepción: “Resultan aún más graves cuando se dirigen a quienes, día a día, construimos espacios de participación, creación artística y pertenencia desde el esfuerzo, la constancia y la dignidad”. Para los miembros de Balelé, el ataque no es contra una performance artística, sino contra su derecho fundamental a existir y celebrar en el espacio público.
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Balelé, la comparsa disruptiva para todxs
La comparsa, que desfila fuera de concurso tanto en la apertura del Concurso Oficial de Carnaval como en el Desfile de Llamadas, es un proyecto singular. Surgió como un taller de trabajo con personas ciegas y luego amplió su horizonte.
Hoy, en sus filas confluyen personas con discapacidad visual, sordas, sordociegas, con síndrome de Down, con discapacidad motriz y también artistas sin discapacidad. Su labor ha sido elogiada en reiteradas ocasiones por construir puentes donde antes solo había barreras. “Balelé representa valores fundacionales de nuestra cultura: solidaridad, compromiso, trabajo colectivo, respeto por la diversidad, talento y reconocimiento de las capacidades de todas las personas, más allá de cualquier condición”, defienden sus directores.
Precisamente, fue en ese espíritu de reconocimiento que Laura Alonsopérez se sumó a la propuesta. Antes del desfile, la coreógrafa destacó públicamente la tarea de Balelé en la inclusión. Su presencia, sin embargo, actuó paradójicamente como un catalizador para los ataques. Los comentarios despectivos, según relataron fuentes cercanas a la agrupación, se centraron en ridiculizar las capacidades o condiciones de los integrantes y en cuestionar el mérito artístico de una comparsa inclusiva, exponiendo un prejuicio profundo que iguala discapacidad con incapacidad.
El comunicado de Balelé cierra con una sentencia que resuena como un desafío a toda la sociedad: “Una sociedad que se burla de la discapacidad tiene mucho que aprender”. La frase condensa el meollo del conflicto.
Laura Alonsopérez, exclusiva: “Soy candombera desde siempre. Y hoy, por mi decisión y mi compromiso, vengo a acompañar a Balelé. He visto que las comparsas se han ido incluyendo en la sociedad poco a poco, porque, en el pasado, Montevideo estuvo muy centrado en el candombe”. pic.twitter.com/nWm6OVSCCH — VTV Noticias (@vtvnoticiasuy) January 22, 2026 El
Laura Alonsopérez, exclusiva: “Soy candombera desde siempre. Y hoy, por mi decisión y mi compromiso, vengo a acompañar a Balelé. He visto que las comparsas se han ido incluyendo en la sociedad poco a poco, porque, en el pasado, Montevideo estuvo muy centrado en el candombe”. pic.twitter.com/nWm6OVSCCH
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El rugido de los tambores en el Desfile de Llamadas suele ser sinónimo de alegría y tradición. Sin embargo, tras la última presentación de la comparsa Balelé, un silencio ensordecedor de agravios en redes sociales ha puesto sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿Hasta qué punto la celebración carnavalera y la sociedad en su conjunto son realmente inclusivas?
La primera comparsa inclusiva del Uruguay, fundada hace una década, ha tenido que salir al paso para denunciar una ola de “agresiones, burlas y ofensas” dirigidas específicamente contra el colectivo de personas con discapacidad que la integra. El episodio ha trascendido por la participación en el desfile, el pasado jueves, de la coreógrafa Laura Alonsopérez, esposa del presidente de la República, Yamandú Orsi.
Su acompañamiento, lejos de ser el foco, terminó opacado por la virulencia de los comentarios posteriores. Fue entonces cuando la agrupación, con sede en el barrio Prado, decidió alzar la voz. En un comunicado firmado por sus directores Silvia Iroldi, Paula Trías y Gabriel Seara, Balelé expresó: “Repudiamos enérgicamente las agresiones, burlas y ofensas vertidas en redes sociales por personas que, amparadas en el anonimato o en la ignorancia, atacan no solo a nuestro colectivo sino, de forma directa y violenta, a las personas con discapacidad que lo integramos”.
El texto no se limita a una queja, sino que es a su vez un análisis severo de lo que consideran una violencia estructural. “Estas expresiones no son opiniones: son actos de discriminación, de desprecio y de violencia simbólica que reproducen estigmas históricos y vulneran derechos básicos”, señalan.
Y añaden, con un tono de amarga decepción: “Resultan aún más graves cuando se dirigen a quienes, día a día, construimos espacios de participación, creación artística y pertenencia desde el esfuerzo, la constancia y la dignidad”. Para los miembros de Balelé, el ataque no es contra una performance artística, sino contra su derecho fundamental a existir y celebrar en el espacio público.
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Balelé, la comparsa disruptiva para todxs
La comparsa, que desfila fuera de concurso tanto en la apertura del Concurso Oficial de Carnaval como en el Desfile de Llamadas, es un proyecto singular. Surgió como un taller de trabajo con personas ciegas y luego amplió su horizonte.
Hoy, en sus filas confluyen personas con discapacidad visual, sordas, sordociegas, con síndrome de Down, con discapacidad motriz y también artistas sin discapacidad. Su labor ha sido elogiada en reiteradas ocasiones por construir puentes donde antes solo había barreras. “Balelé representa valores fundacionales de nuestra cultura: solidaridad, compromiso, trabajo colectivo, respeto por la diversidad, talento y reconocimiento de las capacidades de todas las personas, más allá de cualquier condición”, defienden sus directores.
Precisamente, fue en ese espíritu de reconocimiento que Laura Alonsopérez se sumó a la propuesta. Antes del desfile, la coreógrafa destacó públicamente la tarea de Balelé en la inclusión. Su presencia, sin embargo, actuó paradójicamente como un catalizador para los ataques. Los comentarios despectivos, según relataron fuentes cercanas a la agrupación, se centraron en ridiculizar las capacidades o condiciones de los integrantes y en cuestionar el mérito artístico de una comparsa inclusiva, exponiendo un prejuicio profundo que iguala discapacidad con incapacidad.
El comunicado de Balelé cierra con una sentencia que resuena como un desafío a toda la sociedad: “Una sociedad que se burla de la discapacidad tiene mucho que aprender”. La frase condensa el meollo del conflicto.
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