Coco Chanel, el epítome de la elegancia que fue espía nazi en la Francia ocupada

En la gélida madrugada del 10 de enero de 1971 y tras unas horas de encontrarse mal, moría Coco Chanel en su habitación del hotel Ritz de París, su casa desde hacía 30 años. Moría sola como sola había estado durante su vida. Y aquí no podemos decir que nacía la leyenda, al menos no del todo, ya que, aunque fue una de las personas más relevantes del siglo XX, su vida se vio empañada por un asunto de lo más turbio: su colaboración con los nazis durante la ocupación de Francia de estos en el marco de la II Guerra Mundial.

Apple TV acaba de estrenar la serie New look, que hace un recorrido exhaustivo sobre esta colaboración como espía de la modista. En honor a la verdad hace una semblanza que trata de justificar por qué lo hizo, ser aliada de los nazis, es decir, que no le quedó más remedio. No corresponde nunca a un historiador juzgar los hechos sino contarlos y analizarlos dentro del contexto histórico. ¿Fue una mujer realmente convencida de la causa nazi o trabajó para ellos para salvar su pellejo? Es bastante probable que fuera lo último, aunque ella nunca dejó por escrito sus ideas sobre este tema. De hecho siempre fue una mujer bastante hermética. 

Pobre y criada en un orfanato

Gabrielle, así era su nombre de pila, había nacido un 19 de agosto de 1883 en un orfanato. No deja de llamar la atención que el símbolo por excelencia de lo elegante y chic, del lujo refinado como lo que ella representa, hubiese nacido en un hospicio porque era hija de una campesina, Eugénie Jeanne Devolle, una mujer muy pobre sin apenas recursos que, además, no estaba casada con el padre de su hija, una situación del todo escandalosa para la época y en absoluto aceptada. No era la primera hija de la pareja, sino la segunda. Y no sería la última, tuvieron otros cuatro más. El padre, Albert Chanel, aceptó una suma generosa para casarse con la madre, hecho que propició que Coco se fuera a vivir con sus padres de forma ya «aceptada» por la sociedad. Pero la alegría duraría poco ya que la madre, una mujer enfermiza, terminó por morir víctima de la tuberculosis cuando la modista tenía 12 años.

Esto provocó que terminara con sus hermanas en el orfanato del monasterio de Aubazaine, un lugar que, a pesar de que ella lo recordaría como un horror por aplicar una severa disciplina pero donde le enseñarona a coser y bordar, además de una forma de ser que jamás la abandonaría, la de ejercer el trabajo de forma incansable. Podemos intuir que este hecho, el de su estancia en el convento, modificó para siempre su forma de ver el mundo. Coco fue siempre una mujer dura, muy trabajadora y con una visión extremadamente inteligente sobre lo que sería su mundo: la alta costura, la moda, y se puede decir que fue una de las pioneras del marketing moderno, ya que observó con suma precisión la sociedad que le tocó vivir, unos tiempos de lo más convulsos, la posguerra de la Gran Guerra, el período de entreguerras, la Segunda Guerra mundial y la posguerra de esta. 

Una vez cumplidos los 18 años, Coco dejó el convento y fue enviada a un internado en Moulins, localidad en la que residían sus abuelos paternos, Angelina y Henri-Adrien. Ahí continuó su formación como costurera y logró, además, conseguir un trabajo en una pañería donde comenzó a trabajar de ayudante de un sastre en compañía de la que se convertiría en una de sus grandes amigas, su tía.

El comienzo de su despegue

La vida en el taller transcurría plácidamente y tía y sobrina (que solo se llevaban dos años) comenzaron a despertar interés en los muchachos del pueblo y pronto Coco se sintió atraída por el mundo del espectáculo del café concierto que había en el pueblo. De hecho, empezó a cantar ahí y a ganar dinero que sumaba al que percibía como costurera. Sin embargo, sus cualidades como artista no le permitieron seguir por ese camino. El mundo perdía una futura cantante pero ganaba, por tal hecho, una de las mejores diseñadoras de la historia.

Joven, atractiva y con una marcada personalidad, Coco enseguida se dio cuenta del éxito que tenía entre los hombres, convirtiéndose en la amante de un oficial de caballería y rico heredero de la industria textil, Étienne Balsan. Con 23 años y siendo la pareja oficial de él, se fueron a vivir juntos al castillo de la propiedad del rico heredero, el castillo Royallieu, cerca de Compiégne, una preciosa zona llena de bosques donde poder montar a caballo y disfrutar de una auténtica vida de rica con encuentros de caza. Enseguida vio que se movía como pez en el agua siendo la anfitriona de la alta sociedad donde podía aprender de sus modales, algo que le serviría para el resto de su vida. 

Una influencer en los años 30

Como su pasado no era el más adecuado para encajar en su presente, modificó su historia y pasó de ser una niña criada en un orfanato a una pobre huérfana criada por unas tías estrictas mientras su padre, un supuesto rico comerciante, viajaba constantemente por América. Y, además, se quitó del tirón diez años. Genio y figura o, para ser más exactos, una perfecta superviviente en un hábitat que no la hubiera aceptado de saber su verdadera historia. Desde los ojos de hoy nos puede parecer muy romántica su historia pero lo cierto es que a principios del siglo XX la sociedad no era, ni muchísimo menos, tan «abierta» de mente como lo es hoy. Además, todavía no había sucedido el primer gran cambio, la Gran Guerra, la I Guerra Mundial.

En una de las reuniones sociales que mantenían en el castillo que compartían, Coco conoció a uno de los mejores amigos de su novio, sir Arthur Capel, perteneciente a la alta clase británica, siempre tan reacia a admitir a nuevos miembros sin pedigrí en su círculo. El flechazo surgió de forma inmediata, abandonando Coco a Balsan para irse a París a vivir con su nuevo amor, quien se encargó de pagarle un lujoso apartamento en la ciudad, además de poner dinero para que Coco abriese las que serían sus primeras tiendas. La influencia de Capel en la vida de Coco fue decisiva tanto en lo personal como en lo profesional. De hecho se cree que el famoso diseño del perfume Chanel nº 5 se inspiró en las botellas de tocador que él llevaba de viaje.

No fueron nunca una pareja al uso. De hecho él jamás le fue fiel, pero a ella parecía compensarle. Es más, en 1918, Capel se casó con una aristócrata, y la relación entre ambos perduró hasta la muerte de él en 1919 en un trágico accidente automovilístico del que ella jamás se recuperaría. En esa muerte y su profunda tristeza encontramos una historia de lo más conmovedora. El negro siempre había sido el color del luto, por lo que ella, para demostrarle a todos que su dolor era infinito, comenzó a vestirse de negro. Pero, siendo ella ya la modista que sería, se diseñó un vestido negro pero con suma elegancia. Nacía así, aunque ella no lo sabía, el famoso little black dress y que la revista Vogue, calificó como epítome de clase y elegancia y que todavía hoy perdura sin ser necesariamente un atuendo de luto. A partir de la pérdida de Capel nada fue para ella lo mismo y, según la propia Coco reconocería años más tarde, aquella muerte supuso un golpe tan terrible que su vida jamás volvió a ser feliz a pesar de todos los éxitos que le depararía el futuro.

En esta época ya era una modista reconocida, en gran parte porque tuvo la gran suerte de que Vogue se fijara en ella y hablase de sus diseños. Diseños que ella misma lucía en las fiestas de la alta sociedad. Durante la I Guerra Mundial, de 1914 a 1918 la modista vivió en Biarritz, lugar al que se trasladó por ser este neutral y lugar de residencia de personajes adinerados. Coco pensó que abrir una tienda frente al casino con sus diseños sería una gran idea y, efectivamente, así sucedió. Era el año 1915. Un año más tarde decidió trasladar la misma fórmula a París, ciudad en la que presentó su primera colección que Vogue recogió en sus páginas. Su lanzamiento era ya imparable. 

La I Guerra Mundial

En 1918 y con el fin de la guerra decidió montar su atelier en el 31 de la rue Cambon con 300 empleados. Nacía, ahí sí, el imperio Chanel. De hecho fue en ese momento en el que se diseñó el famoso logotipo de las dos ces que lo caracterizan y que todavía hoy perdura. 

Los años que transcurrieron antes del estallido de la II Guerra Mundial en 1939 fueron prósperos para la modista que se convirtió, además, en una gran empresaria. No solo con su ropa, también con su perfume. Chanel demostró ser una mujer con una gran inteligencia para los negocios y que supo interpretar muy bien los grandes cambios que la sociedad de su época experimentó antes, durante y después de las dos guerras mundiales. La moda, lejos de ser algo frívolo, es el perfecto reflejo de cómo respira una sociedad, y ella captó como nadie el mensaje claro que la mujer dio tras la gran guerra: una mujer liberada de muchas ataduras, que había pintado y mucho en lo laboral, que se resistía a volver a ser la misma de antes y que para ello necesitaba ropas mucho más liberadoras, esas ropas que Coco supo diseñar para ellas. Obviamente sus diseños no estaban al alcance de todas pero, aunque todavía faltaban años para que se inventara el prêt a pòrter, sus diseños fueron interpretados en versiones menos lujosas.

La ocupación nazi en Francia

En 1940 Alemania invadió Francia y la ocupó durante cuatro años. Y es así, en esa etapa, donde están los años más oscuros de la diseñadora. ¿Estuvo al servicio de los nazis? Todo apunta a que sí, pero lo cierto es que hay serias dudas sobre cuáles fueron sus motivaciones, si ideológicas o económicas. Chanel vivía en el hotel Ritz durante la ocupación y estos hicieron del hotel una especie de cuartel general. Las dificultades económicas que atenazaron a todos salvo a los nazis, bien podrían haber sido el origen de que Coco decidiera trabajar para ellos a cambio de salvaguardar su empresa.

Los documentos desclasificados del gobierno francés han corroborado lo que Vaughan, un escritor, publicó sobre su relación con los nazis. La clave, que se ve perfectamente en la serie, fue Hans Guenther von Dincklage, de la inteligencia de la Gestapo, que fue el encargado de reclutar a Coco como agente secreto a cambio de dos cosas: una, sacar de un campo de concentración a su sobrino, André Palasse y dos, una gran inyección económica. Fue un quid pro quo que no dudó en aceptar, traicionando a su patria. Lo que sería muy aventurado es pensar que ella sabía qué estaban haciendo los nazis con los judíos en los campos de concentración durante la guerra. 

Coco Chanel es mucho más que lujo o elegancia, es el símbolo de una época y de una forma de ser y estar. Icónicos son algunos de sus trajes, especialmente el que llevaba Jackie Kennedy cuando asesinaron a su marido en Dallas y que dio la vuelta al mundo, el traje de dos piezas de color rosa ribeteado en rosa. El icónico es el precioso vestido que luce Audrey Hepburn en el comienzo de la película Desayuno con diamantes cuando contempla la famosa joyería Tiffany en la Quinta Avenida de Nueva York.

Los dueños de Chanel desde la muerte de Coco y grandes accionistas desde antes del deceso de esta, son la familia Wertheimer, curiosamente, judíos. Las ironías del destino.

 En la gélida madrugada del 10 de enero de 1971 y tras unas horas de encontrarse mal, moría Coco Chanel en su habitación del hotel Ritz  

En la gélida madrugada del 10 de enero de 1971 y tras unas horas de encontrarse mal, moría Coco Chanel en su habitación del hotel Ritz de París, su casa desde hacía 30 años. Moría sola como sola había estado durante su vida. Y aquí no podemos decir que nacía la leyenda, al menos no del todo, ya que, aunque fue una de las personas más relevantes del siglo XX, su vida se vio empañada por un asunto de lo más turbio: su colaboración con los nazis durante la ocupación de Francia de estos en el marco de la II Guerra Mundial.

Apple TV acaba de estrenar la serie New look, que hace un recorrido exhaustivo sobre esta colaboración como espía de la modista. En honor a la verdad hace una semblanza que trata de justificar por qué lo hizo, ser aliada de los nazis, es decir, que no le quedó más remedio. No corresponde nunca a un historiador juzgar los hechos sino contarlos y analizarlos dentro del contexto histórico. ¿Fue una mujer realmente convencida de la causa nazi o trabajó para ellos para salvar su pellejo? Es bastante probable que fuera lo último, aunque ella nunca dejó por escrito sus ideas sobre este tema. De hecho siempre fue una mujer bastante hermética. 

Gabrielle, así era su nombre de pila, había nacido un 19 de agosto de 1883 en un orfanato. No deja de llamar la atención que el símbolo por excelencia de lo elegante y chic, del lujo refinado como lo que ella representa, hubiese nacido en un hospicio porque era hija de una campesina, Eugénie Jeanne Devolle, una mujer muy pobre sin apenas recursos que, además, no estaba casada con el padre de su hija, una situación del todo escandalosa para la época y en absoluto aceptada. No era la primera hija de la pareja, sino la segunda. Y no sería la última, tuvieron otros cuatro más. El padre, Albert Chanel, aceptó una suma generosa para casarse con la madre, hecho que propició que Coco se fuera a vivir con sus padres de forma ya «aceptada» por la sociedad. Pero la alegría duraría poco ya que la madre, una mujer enfermiza, terminó por morir víctima de la tuberculosis cuando la modista tenía 12 años.

Esto provocó que terminara con sus hermanas en el orfanato del monasterio de Aubazaine, un lugar que, a pesar de que ella lo recordaría como un horror por aplicar una severa disciplina pero donde le enseñarona a coser y bordar, además de una forma de ser que jamás la abandonaría, la de ejercer el trabajo de forma incansable. Podemos intuir que este hecho, el de su estancia en el convento, modificó para siempre su forma de ver el mundo. Coco fue siempre una mujer dura, muy trabajadora y con una visión extremadamente inteligente sobre lo que sería su mundo: la alta costura, la moda, y se puede decir que fue una de las pioneras del marketing moderno, ya que observó con suma precisión la sociedad que le tocó vivir, unos tiempos de lo más convulsos, la posguerra de la Gran Guerra, el período de entreguerras, la Segunda Guerra mundial y la posguerra de esta. 

Una vez cumplidos los 18 años, Coco dejó el convento y fue enviada a un internado en Moulins, localidad en la que residían sus abuelos paternos, Angelina y Henri-Adrien. Ahí continuó su formación como costurera y logró, además, conseguir un trabajo en una pañería donde comenzó a trabajar de ayudante de un sastre en compañía de la que se convertiría en una de sus grandes amigas, su tía.

La vida en el taller transcurría plácidamente y tía y sobrina (que solo se llevaban dos años) comenzaron a despertar interés en los muchachos del pueblo y pronto Coco se sintió atraída por el mundo del espectáculo del café concierto que había en el pueblo. De hecho, empezó a cantar ahí y a ganar dinero que sumaba al que percibía como costurera. Sin embargo, sus cualidades como artista no le permitieron seguir por ese camino. El mundo perdía una futura cantante pero ganaba, por tal hecho, una de las mejores diseñadoras de la historia.

Joven, atractiva y con una marcada personalidad, Coco enseguida se dio cuenta del éxito que tenía entre los hombres, convirtiéndose en la amante de un oficial de caballería y rico heredero de la industria textil, Étienne Balsan. Con 23 años y siendo la pareja oficial de él, se fueron a vivir juntos al castillo de la propiedad del rico heredero, el castillo Royallieu, cerca de Compiégne, una preciosa zona llena de bosques donde poder montar a caballo y disfrutar de una auténtica vida de rica con encuentros de caza. Enseguida vio que se movía como pez en el agua siendo la anfitriona de la alta sociedad donde podía aprender de sus modales, algo que le serviría para el resto de su vida. 

Como su pasado no era el más adecuado para encajar en su presente, modificó su historia y pasó de ser una niña criada en un orfanato a una pobre huérfana criada por unas tías estrictas mientras su padre, un supuesto rico comerciante, viajaba constantemente por América. Y, además, se quitó del tirón diez años. Genio y figura o, para ser más exactos, una perfecta superviviente en un hábitat que no la hubiera aceptado de saber su verdadera historia. Desde los ojos de hoy nos puede parecer muy romántica su historia pero lo cierto es que a principios del siglo XX la sociedad no era, ni muchísimo menos, tan «abierta» de mente como lo es hoy. Además, todavía no había sucedido el primer gran cambio, la Gran Guerra, la I Guerra Mundial.

En una de las reuniones sociales que mantenían en el castillo que compartían, Coco conoció a uno de los mejores amigos de su novio, sir Arthur Capel, perteneciente a la alta clase británica, siempre tan reacia a admitir a nuevos miembros sin pedigrí en su círculo. El flechazo surgió de forma inmediata, abandonando Coco a Balsan para irse a París a vivir con su nuevo amor, quien se encargó de pagarle un lujoso apartamento en la ciudad, además de poner dinero para que Coco abriese las que serían sus primeras tiendas. La influencia de Capel en la vida de Coco fue decisiva tanto en lo personal como en lo profesional. De hecho se cree que el famoso diseño del perfume Chanel nº 5 se inspiró en las botellas de tocador que él llevaba de viaje.

No fueron nunca una pareja al uso. De hecho él jamás le fue fiel, pero a ella parecía compensarle. Es más, en 1918, Capel se casó con una aristócrata, y la relación entre ambos perduró hasta la muerte de él en 1919 en un trágico accidente automovilístico del que ella jamás se recuperaría. En esa muerte y su profunda tristeza encontramos una historia de lo más conmovedora. El negro siempre había sido el color del luto, por lo que ella, para demostrarle a todos que su dolor era infinito, comenzó a vestirse de negro. Pero, siendo ella ya la modista que sería, se diseñó un vestido negro pero con suma elegancia. Nacía así, aunque ella no lo sabía, el famoso little black dress y que la revista Vogue, calificó como epítome de clase y elegancia y que todavía hoy perdura sin ser necesariamente un atuendo de luto. A partir de la pérdida de Capel nada fue para ella lo mismo y, según la propia Coco reconocería años más tarde, aquella muerte supuso un golpe tan terrible que su vida jamás volvió a ser feliz a pesar de todos los éxitos que le depararía el futuro.

En esta época ya era una modista reconocida, en gran parte porque tuvo la gran suerte de que Vogue se fijara en ella y hablase de sus diseños. Diseños que ella misma lucía en las fiestas de la alta sociedad. Durante la I Guerra Mundial, de 1914 a 1918 la modista vivió en Biarritz, lugar al que se trasladó por ser este neutral y lugar de residencia de personajes adinerados. Coco pensó que abrir una tienda frente al casino con sus diseños sería una gran idea y, efectivamente, así sucedió. Era el año 1915. Un año más tarde decidió trasladar la misma fórmula a París, ciudad en la que presentó su primera colección que Vogue recogió en sus páginas. Su lanzamiento era ya imparable. 

En 1918 y con el fin de la guerra decidió montar su atelier en el 31 de la rue Cambon con 300 empleados. Nacía, ahí sí, el imperio Chanel. De hecho fue en ese momento en el que se diseñó el famoso logotipo de las dos ces que lo caracterizan y que todavía hoy perdura. 

Los años que transcurrieron antes del estallido de la II Guerra Mundial en 1939 fueron prósperos para la modista que se convirtió, además, en una gran empresaria. No solo con su ropa, también con su perfume. Chanel demostró ser una mujer con una gran inteligencia para los negocios y que supo interpretar muy bien los grandes cambios que la sociedad de su época experimentó antes, durante y después de las dos guerras mundiales. La moda, lejos de ser algo frívolo, es el perfecto reflejo de cómo respira una sociedad, y ella captó como nadie el mensaje claro que la mujer dio tras la gran guerra: una mujer liberada de muchas ataduras, que había pintado y mucho en lo laboral, que se resistía a volver a ser la misma de antes y que para ello necesitaba ropas mucho más liberadoras, esas ropas que Coco supo diseñar para ellas. Obviamente sus diseños no estaban al alcance de todas pero, aunque todavía faltaban años para que se inventara el prêt a pòrter, sus diseños fueron interpretados en versiones menos lujosas.

En 1940 Alemania invadió Francia y la ocupó durante cuatro años. Y es así, en esa etapa, donde están los años más oscuros de la diseñadora. ¿Estuvo al servicio de los nazis? Todo apunta a que sí, pero lo cierto es que hay serias dudas sobre cuáles fueron sus motivaciones, si ideológicas o económicas. Chanel vivía en el hotel Ritz durante la ocupación y estos hicieron del hotel una especie de cuartel general. Las dificultades económicas que atenazaron a todos salvo a los nazis, bien podrían haber sido el origen de que Coco decidiera trabajar para ellos a cambio de salvaguardar su empresa.

Los documentos desclasificados del gobierno francés han corroborado lo que Vaughan, un escritor, publicó sobre su relación con los nazis. La clave, que se ve perfectamente en la serie, fue Hans Guenther von Dincklage, de la inteligencia de la Gestapo, que fue el encargado de reclutar a Coco como agente secreto a cambio de dos cosas: una, sacar de un campo de concentración a su sobrino, André Palasse y dos, una gran inyección económica. Fue un quid pro quo que no dudó en aceptar, traicionando a su patria. Lo que sería muy aventurado es pensar que ella sabía qué estaban haciendo los nazis con los judíos en los campos de concentración durante la guerra. 

Coco Chanel es mucho más que lujo o elegancia, es el símbolo de una época y de una forma de ser y estar. Icónicos son algunos de sus trajes, especialmente el que llevaba Jackie Kennedy cuando asesinaron a su marido en Dallas y que dio la vuelta al mundo, el traje de dos piezas de color rosa ribeteado en rosa. El icónico es el precioso vestido que luce Audrey Hepburn en el comienzo de la película Desayuno con diamantes cuando contempla la famosa joyería Tiffany en la Quinta Avenida de Nueva York.

Los dueños de Chanel desde la muerte de Coco y grandes accionistas desde antes del deceso de esta, son la familia Wertheimer, curiosamente, judíos. Las ironías del destino.

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