
Podemos llamarlo devolución, restitución o reunificación, como hace Grecia para reclamar los mármoles dispersos de su Partenón saqueado, pero estamos hablando de lo mismo: la creciente demanda de reintegrar piezas robadas cuando nuestros imperios conquistaban el mundo. A Europa fueron a parar joyas icónicas como el busto de Nefertiti, el penacho de Moctezuma o los restos de un príncipe etíope. Y las miradas sobre el asunto van cambiando. Es lo que reflejan Catharine Titi y Katia Fach Gómez, ambas profesoras y juristas, en su interesantísimo libro Arte secuestrado (Península). La primera, nacida en Tesalónica (Grecia) hace 46 años, trabaja en el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) de Francia. La segunda, zaragozana de 51 años, es profesora titular en la Universidad de Zaragoza.
Las investigadoras presentan su libro, ‘Arte secuestrado’, donde enfocan las piezas más icónicas del arte —desde el busto de Nefertiti hasta el penacho de Moctezuma— y abordan el debate sobre su devolución
Podemos llamarlo devolución, restitución o reunificación, como hace Grecia para reclamar los mármoles dispersos de su Partenón saqueado, pero estamos hablando de lo mismo: la creciente demanda de reintegrar piezas robadas cuando nuestros imperios conquistaban el mundo. A Europa fueron a parar joyas icónicas como el busto de Nefertiti, el penacho de Moctezuma o los restos de un príncipe etíope. Y las miradas sobre el asunto van cambiando. Es lo que reflejan Catharine Titi y Katia Fach Gómez, ambas profesoras y juristas, en su interesantísimo libro Arte secuestrado (Península). La primera, nacida en Tesalónica (Grecia) hace 46 años, trabaja en el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) de Francia. La segunda, zaragozana de 51 años, es profesora titular en la Universidad de Zaragoza.
Pregunta. ¿Cómo fue el salto del Derecho al arte?
Catharine Titi. Investigué el caso del Partenón y me empecé a involucrar en los esfuerzos para restituir los mármoles. Empecé pensando que era un caso único y pronto me di cuenta de que el patrón se repite: tanto los expolios como los argumentos de los museos para no devolverlos. Por ello surgió la idea del libro.
P. ¿Cree que veremos volver los mármoles del Partenón a su lugar?
C. T. Sí, lo veremos. No sé cuándo, pero sí. Las actitudes a nivel internacional están cambiando y el Reino Unido y el British Museum se están quedando solos en su resistencia. La nueva generación está a favor y el enfoque de orgullo imperial al que aferrarse, que es la actitud del establishment británico, no será sostenible en el futuro.
P. ¿Restituir se ha convertido en algo woke, en un discurso de izquierdas?
Katia Fach. A nivel internacional claramente no. En Bélgica se cerró el Museo de África y hubo un debate social pausado y profundo en el que se llegó al consenso de que había que contar la historia de su papel en el Congo de otra forma. Merecía la pena invertir dinero en ello, dar voz propia a personas africanas y ofrecer otra mirada de esa colonización. Si nos centramos en España, hay una tendencia al simplismo: los de izquierdas son más proclives a devolver y los de derechas dicen que eso es woke y no están de acuerdo. Pero, como me ha dicho una de las abogadas en uno de los casos que se reclaman a España: “Vuestro actual ministro es muy cool, pero aquí estamos esperando la restitución».

P. Se refiere al tesoro Quimbaya.
K. F. Exacto. Fue un regalo de un presidente de Colombia a la reina regente en 1893 que el Constitucional de este país hoy considera ilícito, pero aquí todos los grupos parlamentarios y el actual ministro de Cultura han coincidido en que llegó por donación. Y sigue en el Museo de América. Se le hace un flaco favor al patrimonio cultural diciendo que la izquierda quiere devolver y la derecha no. En Aragón, por ejemplo, el presidente Azcón (PP) está haciendo todo lo posible para que vuelvan las pinturas de Sijena. Hay muchos motivos a favor de una restitución concreta con independencia de a quien se vote.
P. Hablemos del busto de Nefertiti, aún en Berlín. ¿Por qué tenemos esa egiptomanía?

C. T. Porque hablamos de un pasado muy lejano con imágenes con color, a diferencia de Roma y Grecia. Porque tenemos frescos, objetos y momias, cuando, por ejemplo, en Grecia incineraban a los suyos y no queda nada. Por eso continúa la fascinación. Francia, por ejemplo, enfoca su debate de restitución hacia el patrimonio subsahariano. Es mucho más fácil devolver los bronces de Benin que lo que pertenece a Egipto. Lo mismo con las cosas griegas o romanas. Cuesta devolver lo próximo porque consideramos que también es nuestro pasado.
P. ¿Las potencias coloniales debemos pedir perdón?
K. F. Hay distintos colonialismos según la época y la zona. El colonialismo belga en África es distinto del imperialismo español en Latinoamérica y este debate es complicado en España. Para algunos partidos no solo no hay que pedir perdón, sino sentirse orgullosos de lo que se hizo allí. España no ha pronunciado la palabra perdón ante México, pero ha hecho una declaración pública al respecto.
C. T. No sé si tienen que pedir perdón, aunque no estaría mal. Lo mínimo es reconocer que hubo una injusticia. Pedir perdón es una cuestión política, pero hay que reconocer que el acto de sustracción fue injusto, como ha hecho Países Bajos.
P. ¿Hay un doble rasero cuando se trata de los expolios nazis frente a los de los imperios?
C. T. Sí. Los expolios a los judíos fueron en tiempo de guerra y el derecho ahí es diferente. La Segunda Guerra Mundial, además, es mucho más reciente y es más fácil devolver que cuando hablamos de lo que pasó hace 300 años.
P. ¿El rechazo a devolver las piezas es una forma de prolongar el colonialismo?
C. T. De una manera sí. El imperialismo se ve en el desprecio de las respuestas que dan. Londres cambia de argumento cada vez: primero decía que los griegos no tenían un museo adecuado. Y ahora que lo tienen ven positivo que los mármoles estén divididos. Dicen que en Grecia se pueden admirar en el contexto de la historia griega y, en el British Museum, en el contexto de la historia mundial.
P. ¿El penacho de Moctezuma debe regresar de Viena a México?

K. F. Una comisión bilateral austriaco-mexicana concluyó hace más de una década que llegaría destrozado si se devolvía y ese es el argumento principal del museo. Pero hemos hablado con expertos externos, la ciencia ha avanzado un montón y nos gustaría que el museo de Viena renovase esa comisión para analizar si con los avances eso sigue siendo cierto. La persona a cargo del museo vienés decía que solo la teletransportación permitiría mover el penacho gracias a poderes de Star Trek, pero hoy tal vez hay un procedimiento que lo permite. Deben decirlo los técnicos.
P. ¿Hay síndrome de Diógenes en los museos?
K. F. Sí. Es un complejo de museos grandes como el British o el Louvre. Solo muestran al público una infinitésima parte de lo que tienen y con objetos aún sin catalogar. Bajo la alfombra hay muchas cosas que la ciudadanía no sabe que existen.
C. T. Se dice que hay objetos en almacenes de museos que están ahí por miedo a las reclamaciones. El British tiene alrededor de 900 bronces de Benin, pero solo expone simultáneamente cien. Y no quieren devolver nada.
P. ¿El colonialismo sigue vivo, entonces?
K. F. No creo que la negativa a devolver sea por motivos colonialistas larvados. Los argumentos suelen ser que esas piezas llevan tanto tiempo ahí que también son alemanas o británicas, que a ellas han dedicado mucho dinero y que si lo devuelven no hay garantía de que los cuiden bien. Si las podéis visitar y aún existen, dicen, es porque las han cuidado.
P. ¿Nacionalismo, entonces?
K. F. Tal vez paternalismo. Más todo el merchandising que pierde un museo como el de Berlín si se queda sin Nefertiti. Imagínate los delantales, trapos y todo lo que venden que lleva su imagen.
C. T. Y nostalgia. En el British Museum en particular, rechazan la restitución por ese pasado imperial, por la idea de que eso forma parte de su grandeza histórica. Sí, nostalgia es la palabra.
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