¿Cómo se humaniza una fábrica?

Una intervención de madera reciclada recupera la escala humana.

Pont d’Armentera, en el Alt Camp de Tarragona, es una población de origen romano vinculada al agua a través de acueductos, azudes, molinos y acequias. Allí, Tuvatèxtil es una de las últimas fábricas herederas de la tradición industrial textil catalana —iniciada en el siglo XII con molinos medievales—. En esa zona del sur de Cataluña, en el siglo XX hubo hasta 12 factorías de las que ya sólo queda esta, en la que hoy trabajan 64 empleados. Los dueños solicitaron al estudio NUA arquitectures reformar la fábrica y, atención, humanizarla.

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La zona de acceso a la fábrica Tuvatèxtil es hoy, también, un espacio de descanso y convivencia.La madera y la cerámica kilómetro cero aumentan el confort de la zona de oficinas. La factoría Tuvatèxtil es la de siempre, pero es nueva. En la reforma, cruda y cercana, ha primado el reciclaje, el funcionamiento pasivo y el bienestar de los trabajadores  

Pont d’Armentera, en el Alt Camp de Tarragona, es una población de origen romano vinculada al agua a través de acueductos, azudes, molinos y acequias. Allí, Tuvatèxtil es una de las últimas fábricas herederas de la tradición industrial textil catalana —iniciada en el siglo XII con molinos medievales—. En esa zona del sur de Cataluña, en el siglo XX hubo hasta 12 factorías de las que ya sólo queda esta, en la que hoy trabajan 64 empleados. Los dueños solicitaron al estudio NUA arquitectures reformar la fábrica y, atención, humanizarla.

La intervención de NUA arquitectures rescata las antiguas naves de hormigón, las rehabilita con aislamiento, añade una construcción ligera —de madera contrachapada de abeto e impacto nulo—, y suma una plaza arbolada en la que plantaron ciruelos rojos para suavizar las vistas, rebajar el impacto del sol y mejorar la calidad de vida de los trabajadores.

Los arquitectos juegan con la idea de tejer para completar. Y, así, han tratado de transformar zonas de paso en espacio público para el descanso de los trabajadores. Por eso hoy se entra en la fábrica por esa plaza arbolada con ciruelos. Allí pesan ahora más las personas que los vehículos, las vistas a las vides circundantes que el aparcamiento. Con la idea de tejer arquitectura, diseñaron también una pérgola hilada de tres bóvedas. Y levantaron un muro de piedra seca recuperando las piedras de una antigua tapia. Un juego de bancos, árboles y luminarias de distintas alturas definen hoy el acceso, la zona de encuentro e incluso un área de celebración.

Ya en el interior, los proyectistas han hecho uso de una superposición de elementos para, con un sistema ligero —de madera reciclada— crear escala, es decir: cercanía. Y, empleando materiales más cálidos que la fábrica original, que es de hormigón y con grandes luces, acercar la arquitectura al trabajador.

En la planta baja, reciclando una estructura convencional preexistente, hoy hay espacios comunes, accesos, baños, vestuarios, instalaciones y los comedores. Todas estas zonas de servicio y descanso están vinculadas a la plaza de encuentro: un nuevo pasaje conecta la plaza con el patio interior que recibe al visitante con una alfombra roja —hecha de cerámica— y lo acompaña hacia el interior de la fábrica. En el interior de la nave, una estructura de madera cose los distintos volúmenes y proporciona una escala más cálida y humana a los trabajadores.

En las oficinas, los diversos grados de privacidad se consiguen gracias al mobiliario modular de madera y las estanterías. El vestíbulo y los baños también actúan de filtro acústico entre la fábrica y los despachos. Esas chimeneas proporcionan además ventilación natural y espacio para alojar las instalaciones.

Más allá de dialogar con la tradición y ganar espacio para los trabajadores, la intervención de NUA arquitectures en esta fábrica ha seguido una estrategia doble de sostenibilidad. De un lado, reutilizar elementos para, con la obra, producir pocos residuos. Lo reciclado fueron todas las estructuras preexistentes —aisladas con una capa envolvente reinterpretada que permite conservar la inercia térmica—. También se salvaron los pilares de la pérgola que han sido reutilizados —como las piedras del antiguo muro—. De otro lado, los arquitectos buscaron conseguir un consumo energético casi nulo. ¿Cómo? Ahora la exposición del edificio al sol de poniente se regula de forma natural mediante vegetación caducifolia, que también permite entender la plaza como un refugio climático tanto en verano como en invierno.

En el interior, la ligereza de la intervención —con madera y cerámica de proximidad— es de impacto nulo. La ventilación y la iluminación naturales potencian el empleo de formas pasivas de nulo consumo energético. Y… también hay plantas en el interior. Sirven para depurar el aire, absorber CO2, producir oxígeno, humedecer el ambiente de forma natural y lograr un confort ambiental y psicológico. Es decir: humanizar la fábrica.

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