Enamorarse puede suceder en cuestión de segundos. Aprender a amar a alguien, en cambio, puede llevar toda una vida. Esa diferencia entre la chispa y pasión inicial y la construcción de una relación es clave para Alain de Botton, uno de los escritores que más ha reflexionado sobre el amor, la pareja, la soledad y las expectativas sentimentales que tenemos en la actualidad.
El filósofo suizo-británico, de 56 años, lleva décadas cuestionando una de las ideas más arraigadas de nuestra cultura: que encontrar a la persona adecuada debería hacer que una relación funcionase por sí sola o sin dificultades. Para De Botton ocurre, de hecho, lo contrario: el enamoramiento puede ser espontáneo, pero tener una relación siempre requiere de aprendizaje.
Lo verdaderamente importante ocurre cuando desaparece la novedad y dos personas tienen que aprender a convivir con la personalidad real del otro
«Conocer, entender y amar es un esfuerzo. No una bendición», dijo en una entrevista para El País. Y cuando le preguntaron directamente si existe una destreza para amar, su respuesta fue igualmente contundente: «Claro: escuchar, pedir perdón».
Amar es una habilidad que se puede (y debe) aprender
Sobre ello versa El curso del amor, la novela de De Botton publicada originalmente en 2016, más de veinte años después de Del amor. El libro sigue a Rabih y Kirsten desde el enamoramiento hasta el matrimonio, los hijos, las discusiones, el desgaste cotidiano, el sexo, una infidelidad y las sucesivas reconciliaciones. La historia no trata tanto del comienzo del amor como sí de su perdurabilidad a lo largo de los años. Para De Botton, de hecho, lo verdaderamente importante ocurre cuando desaparece la novedad y dos personas tienen que aprender a convivir con la personalidad real del otro.
Conocer, entender y amar es un esfuerzo. No una bendición
En otra entrevista dijo: «El amor es una habilidad, no un entusiasmo». Para el filósofo la pasión en la pareja no es irrelevante, pero sí la que es inicial, pues no proporciona por sí sola las herramientas necesarias para sostener una relación durante años. La ciencia ha llegado a conclusiones similares: que el amor hay que trabajarlo, sobre todo cuando surgen discusiones. Este estudio, por ejemplo, demostró que tener una pareja capaz de recuperarse mejor después de una discusión estaba asociado con emociones más positivas y una mayor satisfacción con la relación. Es decir, la calidad de una pareja no depende simplemente de sentir amor o querer, sino también de qué sabe hacer esa pareja cuando aparecen las dificultades.

Alain de Botton: «En una relación es clave escuchar y saber pedir perdón»
¿Y cuáles son esas habilidades? Alain de Botton menciona dos: escuchar y saber pedir perdón. «No hace falta estar de acuerdo. Pero sí escuchar», explica el autor, quien defiende que esto debería aprenderse ya en el colegio. El escritor defiende que cuando nos sentimos atacados, solemos dejar de escuchar para empezar a defendernos: «En el amor buena parte del diálogo es defensivo». Y advierte de las consecuencias de esa dinámica: «Eso es veneno».
Ojo: escuchar no equivale a darle automáticamente la razón al otro. Consiste en intentar comprender qué hay detrás de su enfado, su miedo o su decepción antes de preparar nuestra defensa.
No estamos preparados para amar cuando encontramos a alguien perfecto: estamos más preparados cuando comprendemos que nadie lo será
La ciencia lo ha comprobado: la capacidad de superar discusión de pareja evita que las emociones negativas del conflicto contaminen otros momentos de la relación o la supervivencia de la misma. Ya se sabe, si uno no barre los problemas y los mete debajo la alfombra, al final esta rebosa y ya solo se puede tirar y/o cambiar por otra. Dicho de otra forma: es tan importante saber discutir como saber cuándo acabar de hacerlo.
La ciencia de las relaciones le da la razón
A pesar de que Alain de Botton no experto en psicología de pareja y sus libros no son tratados científicos, numerosos estudios le dan la razón. Además de los mencionados, están os trabajos del psicólogo estadounidense John Gottman, los cuales han demostrado que el conflicto no constituye por sí mismo una prueba del fracaso de una relación, y que lo verdaderamente importante es cómo se produce y cómo se gestiona el conflicto en sí.
Renunciar a la búsqueda de la perfección puede ser «el gesto más romántico» que podemos hacer
Las investigaciones sobre parejas prestan especial atención a esto: a los mecanismos mediante los cuales dos personas consiguen frenar una discusión, reparar el daño emocional (si lo hubiera) y recuperar la conexión. La ciencia, además, ha comprobado que la capacidad de una pareja para recuperarse de una disputa influye en el bienestar sentimental del otro miembro. Así, vemos que la investigación y la filosofía de De Botton llegan, por caminos diferentes, al mismo lugar: el problema no es necesariamente discutir, sino no saber regresar al punto de antes de haber discutido.

La peligrosa fantasía de encontrar a la persona perfecta
Hay otro gran enemigo del amor. Según Alain de Botton es la búsqueda de la perfección. La cultura romántica nos ha acostumbrado a creer que existe una persona especialmente diseñada para nosotros. Alguien que comprenderá nuestras necesidades, compartirá nuestros valores y gustos y que, casi intuitivamente, sabrá cómo hacernos felices cada día de nuestra vida. De Botton considera que esta expectativa es errónea y, sobre todo, problemática.
En una entrevista al canal ABC aseguró que renunciar a la búsqueda de la perfección podría ser «el gesto más romántico» que podemos hacer en la vida. El escritor piensa que esperar que nuestra pareja sea perfecta acaba produciéndonos resentimiento hacia ella cuando —inevitablemente— descubrimos que no lo es.
En su libro El curso del amor, uno de los protagonistas se da cuenta de que está preparado para el matrimonio precisamente porque «ha renunciado a la perfección». El escritor afirma que no estamos preparados para amar cuando encontramos a alguien perfecto: estamos (más) preparados cuando comprendemos que nadie lo será.
Hay que tener claro que todos somos difíciles de querer
Alain de Botton asegura además que, en cuestiones de pareja, nos hacemos una pregunta errónea: «¿Esta es la persona adecuada para mí?». En su lugar, deberíamos cuestionarnos: ¿en qué aspectos soy yo una persona difícil de querer?
En sus entrevistas ha llegado a sugerir —medio en serio, medio en broma— que las parejas deberían poder entregar al otro al principio de una relación una especie de escrito titulado: «Por qué es difícil vivir conmigo». Esto es relevante, pues conocerse a uno mismo no consiste únicamente en identificar nuestras virtudes; también implica saber qué hacemos mal, cómo actuamos cuando sentimos miedo, cómo reaccionamos ante el rechazo, qué nos pone a la defensiva, cómo expresamos el enfado y qué experiencias anteriores (‘mochilas emocionales’) podemos trasladar —involuntariamente— a nuestras relaciones.
Ojo: comprender nuestras propias reacciones no garantiza que tengamos una buena relación sentimental, pero sí puede ayudarnos a distinguir lo que realmente está haciendo nuestra pareja de lo que nuestros propios miedos nos hacen interpretar.
La compatibilidad también se puede construir
El filósofo propone también cuestionarnos el concepto de «compatibilidad». Solemos creer que dos personas son compatibles cuando comienzan una relación, pues comparten gustos, valores, sentido del humor, proyectos vitales…
Y puede que así sea, pero normalmente no se da el caso. De Botton propone otra cosa. En El curso del amor afirma que la pareja adecuada no es la que simplemente comparte los mismos gustos, sino la que es capaz de negociar las diferencias con inteligencia, paciencia y generosidad. Es decir, que la compatibilidad se puede construir en la propia relación y no sería únicamente una condición previa para iniciarla.
Esto no significa que cualquier pareja pueda funcionar ni que haya que tolerar malas relaciones o parejas que no nos interesan en absoluto, sino saber que la existencia de diferencias no implica necesariamente que ambos miembros sean incompatibles. Dos personas pueden quererse profundamente y, al mismo tiempo, tener diferentes visiones sobre el dinero, el sexo, la familia, el orden, el ocio, la necesidad de espacio… Amar, por tanto, también consiste en aprender a negociar nuestro punto de vista y entender el del otro.
Amar también es abandonar la ilusión de construir algo mejor
En lo que a parejas se refiere, el escrito destaca también la madurez. Para Alain de Botton, una persona madura es aquella que es capaz de aprender a relacionarse de manera más inteligente en un mundo imperfecto y, sobre todo, con una persona tan imperfecta como ella.
El enamoramiento inicial nos lleva a imaginar que finalmente hemos encontrado a alguien que nos comprenderá completamente. Pero la convivencia acaba revelando todo lo que en el noviazgo no vemos: que nuestra pareja tiene heridas de la infancia, contradicciones, malos días, malos meses, muchos defectos y una cara B poco amable. Y la clave es comprender que nosotros también.
El fracaso del ideal romántico, no obstante, no tiene por qué significar el fracaso del amor. De hecho, el filósofo cree que asumirlo es una forma más adulta de querer. Al final, como apunta De Botton, el amor no es solo un sentimiento, sino también algo que podemos aprender a hacer mejor, sobre todo si queremos tener relaciones sanas, felices y duraderas.
Enamorarse puede suceder en cuestión de segundos. Aprender a amar a alguien, en cambio, puede llevar toda una vida. Esa diferencia entre la chispa y pasión
Enamorarse puede suceder en cuestión de segundos. Aprender a amar a alguien, en cambio, puede llevar toda una vida. Esa diferencia entre la chispa y pasión inicial y la construcción de una relación es clave para Alain de Botton, uno de los escritores que más ha reflexionado sobre el amor, la pareja, la soledad y las expectativas sentimentales que tenemos en la actualidad.
El filósofo suizo-británico, de 56 años, lleva décadas cuestionando una de las ideas más arraigadas de nuestra cultura: que encontrar a la persona adecuada debería hacer que una relación funcionase por sí sola o sin dificultades. Para De Botton ocurre, de hecho, lo contrario: el enamoramiento puede ser espontáneo, pero tener una relación siempre requiere de aprendizaje.
Lo verdaderamente importante ocurre cuando desaparece la novedad y dos personas tienen que aprender a convivir con la personalidad real del otro
«Conocer, entender y amar es un esfuerzo. No una bendición», dijo en una entrevista para El País. Y cuando le preguntaron directamente si existe una destreza para amar, su respuesta fue igualmente contundente: «Claro: escuchar, pedir perdón».
Sobre ello versa El curso del amor, la novela de De Botton publicada originalmente en 2016, más de veinte años después de Del amor. El libro sigue a Rabih y Kirsten desde el enamoramiento hasta el matrimonio, los hijos, las discusiones, el desgaste cotidiano, el sexo, una infidelidad y las sucesivas reconciliaciones. La historia no trata tanto del comienzo del amor como sí de su perdurabilidad a lo largo de los años. Para De Botton, de hecho, lo verdaderamente importante ocurre cuando desaparece la novedad y dos personas tienen que aprender a convivir con la personalidad real del otro.
Conocer, entender y amar es un esfuerzo. No una bendición
En otra entrevista dijo: «El amor es una habilidad, no un entusiasmo». Para el filósofo la pasión en la pareja no es irrelevante, pero sí la que es inicial, pues no proporciona por sí sola las herramientas necesarias para sostener una relación durante años. La ciencia ha llegado a conclusiones similares: que el amor hay que trabajarlo, sobre todo cuando surgen discusiones. Este estudio, por ejemplo, demostró que tener una pareja capaz de recuperarse mejor después de una discusión estaba asociado con emociones más positivas y una mayor satisfacción con la relación. Es decir, la calidad de una pareja no depende simplemente de sentir amor o querer, sino también de qué sabe hacer esa pareja cuando aparecen las dificultades.

¿Y cuáles son esas habilidades? Alain de Botton menciona dos: escuchar y saber pedir perdón. «No hace falta estar de acuerdo. Pero sí escuchar», explica el autor, quien defiende que esto debería aprenderse ya en el colegio. El escritor defiende que cuando nos sentimos atacados, solemos dejar de escuchar para empezar a defendernos: «En el amor buena parte del diálogo es defensivo». Y advierte de las consecuencias de esa dinámica: «Eso es veneno».
Ojo: escuchar no equivale a darle automáticamente la razón al otro. Consiste en intentar comprender qué hay detrás de su enfado, su miedo o su decepción antes de preparar nuestra defensa.
No estamos preparados para amar cuando encontramos a alguien perfecto: estamos más preparados cuando comprendemos que nadie lo será
La ciencia lo ha comprobado: la capacidad de superar discusión de pareja evita que las emociones negativas del conflicto contaminen otros momentos de la relación o la supervivencia de la misma. Ya se sabe, si uno no barre los problemas y los mete debajo la alfombra, al final esta rebosa y ya solo se puede tirar y/o cambiar por otra. Dicho de otra forma: es tan importante saber discutir como saber cuándo acabar de hacerlo.
A pesar de que Alain de Botton no experto en psicología de pareja y sus libros no son tratados científicos, numerosos estudios le dan la razón. Además de los mencionados, están os trabajos del psicólogo estadounidense John Gottman, los cuales han demostrado que el conflicto no constituye por sí mismo una prueba del fracaso de una relación, y que lo verdaderamente importante es cómo se produce y cómo se gestiona el conflicto en sí.
Renunciar a la búsqueda de la perfección puede ser «el gesto más romántico» que podemos hacer
Las investigaciones sobre parejas prestan especial atención a esto: a los mecanismos mediante los cuales dos personas consiguen frenar una discusión, reparar el daño emocional (si lo hubiera) y recuperar la conexión. La ciencia, además, ha comprobado que la capacidad de una pareja para recuperarse de una disputa influye en el bienestar sentimental del otro miembro. Así, vemos que la investigación y la filosofía de De Botton llegan, por caminos diferentes, al mismo lugar: el problema no es necesariamente discutir, sino no saber regresar al punto de antes de haber discutido.

Hay otro gran enemigo del amor. Según Alain de Botton es la búsqueda de la perfección. La cultura romántica nos ha acostumbrado a creer que existe una persona especialmente diseñada para nosotros. Alguien que comprenderá nuestras necesidades, compartirá nuestros valores y gustos y que, casi intuitivamente, sabrá cómo hacernos felices cada día de nuestra vida. De Botton considera que esta expectativa es errónea y, sobre todo, problemática.
En una entrevista al canal ABC aseguró que renunciar a la búsqueda de la perfección podría ser «el gesto más romántico» que podemos hacer en la vida. El escritor piensa que esperar que nuestra pareja sea perfecta acaba produciéndonos resentimiento hacia ella cuando —inevitablemente— descubrimos que no lo es.
En su libro El curso del amor, uno de los protagonistas se da cuenta de que está preparado para el matrimonio precisamente porque «ha renunciado a la perfección». El escritor afirma que no estamos preparados para amar cuando encontramos a alguien perfecto: estamos (más) preparados cuando comprendemos que nadie lo será.
Alain de Botton asegura además que, en cuestiones de pareja, nos hacemos una pregunta errónea: «¿Esta es la persona adecuada para mí?». En su lugar, deberíamos cuestionarnos: ¿en qué aspectos soy yo una persona difícil de querer?
En sus entrevistas ha llegado a sugerir —medio en serio, medio en broma— que las parejas deberían poder entregar al otro al principio de una relación una especie de escrito titulado: «Por qué es difícil vivir conmigo». Esto es relevante, pues conocerse a uno mismo no consiste únicamente en identificar nuestras virtudes; también implica saber qué hacemos mal, cómo actuamos cuando sentimos miedo, cómo reaccionamos ante el rechazo, qué nos pone a la defensiva, cómo expresamos el enfado y qué experiencias anteriores (‘mochilas emocionales’) podemos trasladar —involuntariamente— a nuestras relaciones.
Ojo: comprender nuestras propias reacciones no garantiza que tengamos una buena relación sentimental, pero sí puede ayudarnos a distinguir lo que realmente está haciendo nuestra pareja de lo que nuestros propios miedos nos hacen interpretar.
El filósofo propone también cuestionarnos el concepto de «compatibilidad». Solemos creer que dos personas son compatibles cuando comienzan una relación, pues comparten gustos, valores, sentido del humor, proyectos vitales…
Y puede que así sea, pero normalmente no se da el caso. De Botton propone otra cosa. En El curso del amor afirma que la pareja adecuada no es la que simplemente comparte los mismos gustos, sino la que es capaz de negociar las diferencias con inteligencia, paciencia y generosidad. Es decir, que la compatibilidad se puede construir en la propia relación y no sería únicamente una condición previa para iniciarla.
Esto no significa que cualquier pareja pueda funcionar ni que haya que tolerar malas relaciones o parejas que no nos interesan en absoluto, sino saber que la existencia de diferencias no implica necesariamente que ambos miembros sean incompatibles. Dos personas pueden quererse profundamente y, al mismo tiempo, tener diferentes visiones sobre el dinero, el sexo, la familia, el orden, el ocio, la necesidad de espacio… Amar, por tanto, también consiste en aprender a negociar nuestro punto de vista y entender el del otro.
En lo que a parejas se refiere, el escrito destaca también la madurez. Para Alain de Botton, una persona madura es aquella que es capaz de aprender a relacionarse de manera más inteligente en un mundo imperfecto y, sobre todo, con una persona tan imperfecta como ella.
El enamoramiento inicial nos lleva a imaginar que finalmente hemos encontrado a alguien que nos comprenderá completamente. Pero la convivencia acaba revelando todo lo que en el noviazgo no vemos: que nuestra pareja tiene heridas de la infancia, contradicciones, malos días, malos meses, muchos defectos y una cara B poco amable. Y la clave es comprender que nosotros también.
El fracaso del ideal romántico, no obstante, no tiene por qué significar el fracaso del amor. De hecho, el filósofo cree que asumirlo es una forma más adulta de querer. Al final, como apunta De Botton, el amor no es solo un sentimiento, sino también algo que podemos aprender a hacer mejor, sobre todo si queremos tener relaciones sanas, felices y duraderas.
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