Aitana Sánchez-Gijón, actriz: “El rodaje coincidió con el diagnóstico de cáncer de mi madre. El dolor del personaje es el mío”

Con Amarga Navidad, Aitana Sánchez-Gijón (Roma, 57 años) entra por segunda vez en el mundo Almodóvar. Y en este caso su personaje, Mónica, la asistente del director protagonista, tiene mucho más peso que el que compuso en Madres paralelas (2021), con el que fue candidato al Goya a mejor actriz secundaria. También es la segunda visita a Cannes de Sánchez-Gijón: fue jurado en la edición que ganó Bailar en la oscuridad y Deseando amar logró el Gran Premio del Jurado. “Me impresionaron muchísimo Björk y la película de Von Trier”, recuerda.

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 La intérprete repite en Cannes y en el cine de Almodóvar con su personaje de Mónica en ‘Amarga Navidad’, la asistente del director que siente traicionada su intimidad y su amistad  Aitana Sánchez-Gijón, actriz: “El rodaje coincidió con el diagnóstico de cáncer de mi madre. El dolor del personaje es el mío” | Cine: estrenos y críticas | EL PAÍSIr al contenido

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Festival de Cannes

La intérprete repite en Cannes y en el cine de Almodóvar con su personaje de Mónica en ‘Amarga Navidad’, la asistente del director que siente traicionada su intimidad y su amistad

Aitana Sánchez-Gijón, en la alfombra roja de ‘Amarga Navidad’ el martes por la tarde en Cannes.TERESA SUAREZ (EFE)
Gregorio Belinchón

Con Amarga Navidad, Aitana Sánchez-Gijón (Roma, 57 años) entra por segunda vez en el mundo Almodóvar. Y en este caso su personaje, Mónica, la asistente del director protagonista, tiene mucho más peso que el que compuso en Madres paralelas (2021),con el que fue candidato al Goya a mejor actriz secundaria. También es la segunda visita a Cannes de Sánchez-Gijón: fue jurado en la edición que ganó Bailar en la oscuridad y Deseando amar logró el Gran Premio del Jurado. “Me impresionaron muchísimo Björk y la película de Von Trier”, recuerda.

Sentada en la terraza del hotel Marriott, donde este año se alojan los equipos de las películas de Competición, Sánchez-Gijón sonríe. Hay buen tiempo, es martes mediodía y le quedan dos entrevistas antes de comer. En esta, se comprueba cómo la vida personal de la actriz y la de su personaje se entrecruzan de maneras inesperadas.

Pregunta. Su personaje está construido a partir de ficción y de retazos de personas reales. ¿Desde dónde lo construyó usted?

Respuesta. Observado, charlando con el entorno de Pedro. No he pretendido encarnar a nadie en concreto, porque el propio Pedro ha querido dejar muy claro que esto es una ficción. Y hay suficientes elementos como para crear este personaje desde un dolor muy profundo y muy reconocible. Que además, bueno, ahora puedo contarlo… Mi madre se acaba de ir hace tres semanas. Y el rodaje coincidió con el diagnóstico de su cáncer. El dolor de Mónica frente a la pérdida y al duelo, tan personal y en su vida íntima, es el mío. Mi fuente emocional y de dolor partió, por ello, también de lo personal. Como actriz, te empapas del entorno, bebes de tus propias fuentes.

P. Últimamente, su vida personal ha sufrido un escrutinio mediático. ¿Es usted consciente del eco poderoso de sus palabras al entrar al teatro: “¿De qué vais? Por favor, tengo una función por hacer”?

R. Yo nunca he especulado con mi vida. Ni he especulado, ni he compartido, ni he aireado mi vida privada. Y es algo que voy a seguir haciendo así mientras viva. Para mí hay algo en la prensa del corazón, la prensa rosa, que me parecen… depredadores. Hay algo, además, profundamente reaccionario en ese tipo de prensa que a mí, ideológicamente, me repele, un circo del que nunca he formado parte y del que nunca formaré parte. Respeto mi intimidad y pretendo que se respete. Y todo lo demás me parece violaciones. Yo comparto lo que quiero, cuando quiero y con quien quiero. Más allá de eso, es algo que atenta contra mi libertad y que me resulta intolerable. No he hablado nunca de nada.

Respeto mi intimidad y pretendo que se respete. Y todo lo demás me parece violaciones»

P. Han debido de ser unas semanas de montaña rusa emocional.

R. Sí.

P. Es curioso el eco entre la defensa de la intimidad de su personaje y la suya propia.

R. Es cierto. Yo comparto hasta donde quiero con quien quiero, pero que el otro, quien sea, en este caso el personaje del cineasta Raúl [encarnado por Leonardo Sbaraglia], haga uso sin mi permiso de mi intimidad compartida con él, en este caso en la ficción de la película, para Mónica supone sobrepasar los límites éticos y romper una relación profesional y personal de muchos años, de mucho cariño y de mucha vida compartida. Para mí, Pedro se expone de una manera muy valiente, muy honesta, creo, muy poco complaciente hacia sí mismo y yo creo que eso se ve. A mí me ha tocado el rol de Pepito Grillo: soy su conciencia, el espejo en el que él se está mirando y midiendo. Y eso también fue muy gozoso de hacer porque me sentía como con una impunidad, me sentía como que le estaba diciendo a Pedro cuatro cosas, ¿no [risas]?

Tráiler de ‘Amarga Navidad’

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Tráiler de ‘Amarga Navidad’

Aitana Sánchez-Gijón y Leonardo Sbaraglia, en ‘Amarga Navidad’.

P. ¿Puede que sea la primera persona que pare los pies a Almodóvar?

R. ¿Con esa libertad y con esa impunidad? No creo, pero estamos hablando del personaje, a ver si… Bueno, he transitado por un lugar fantástico.

P. ¿Alguna vez se ha encontrado con un director que le parasitara así?

R. No, nunca me ha pasado. Aunque Mario Vargas Llosa escribió un cuento muy bonito sobre nuestras representaciones de El cuento de la peste, con nuestros nombres y apellidos, ficcionando sobre lo que estábamos viviendo.

P. Cuando le dieron este guion y, leyendo, llegó al enfrentamiento final, ¿se frotó las manos?

R. Pensé: “Llega la fiesta”. Aunque mi primera alegría me llegó antes, cuando leí la frase con la que amenazo al director, mi jefe y amigo, con partirle las piernas. Sentí que era otra frase gloriosa, como la de “Soy apolítica” de Madres paralelas. Otra perla que me regalaba Pedro. A la vez me cuestioné si, tras una película que va por otro lado, este momento se sostendría, porque cambia de código. Es una secuencia absolutamente teatral, que de hecho tardamos cuatro días en rodar. Pedro también tenía sus dudas, y nos las transmitió a Leo y a mí. Estaba nervioso con ese final porque tenía que tener la certeza de que eso iba a funcionar: la película iba dirigida a ese final. Y yo creo que por eso me encontré a un Pedro mucho más exigente que en Madres paralelas. Nos acotó mucho el terreno, nos hizo pasar por un desfiladero con barrancos a ambos lados. Leo y yo nos lo tomamos como un trabajo realmente teatral y, de hecho, algo que en principio era una desventaja, que es que después de preparar tanto con Pedro tardamos un mes en entrar a rodar nosotros porque Pedro empezó a filmar por la trama de Bárbara en la ficción, se convirtió en ventaja. Ese mes Leo y yo lo aprovechamos para quedar y repasar todo lo que teníamos juntos como si fuera una obra de teatro. Con ese final, eleva la película tras jugar con el espectador. Pedro hace una gran pirueta y se critica y se cuestiona a sí mismo. Claro, convierte la película en algo sorprendente.

P. ¿No cree que el cine la quiere poco?

R. ¡Pero cuánto me quiere el teatro! Es verdad que tuve unos años absolutamente increíbles en el que hice todo el cine del mundo, en todos los lugares del mundo, en todo tipo de cinematografías. Ese momento de esplendor terminó en un momento dado. Con todo, tengo la suerte de, en estos últimos años, haber trabajado dos veces con Pedro Almodóvar. Y con esta profesión nunca sabes qué te va a pasar a la vuelta de la esquina.

P. ¿No siente que esta película la reafirma?

R. Tampoco tengo la necesidad de estar demostrando cosas. Me siento muy satisfecha con mi trayectoria y asumo también como algo natural estos vaivenes. Yo no he dejado de trabajar nunca, siempre he vivido de esto. Hago muchísima tele, vamos ya por la tercera temporada de Respira. No doy abasto. No me da la vida para hacer todo lo que hago. ¿Que me encantaría que el cine tuviera personajes más consistentes, más sólidos, más protagónicos para mí? Pues claro, pero es que el teatro me colma de una manera… Los retos profesionales más bestias que yo he tenido en los últimos 10, 15 años han ocurrido sin duda en el teatro. Me he tirado a piscinas: me han tirado cuchillos lanzadores de circo en una obra con Andrés Lima, he hecho un espectáculo de danza contemporánea lanzándome al vacío y corriendo con tacones por una cinta de correr. Estoy representando ahora Malquerida, que es también un ejercicio muy extremo, interpretativo. Estoy más que colmada.

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