Juanma Bajo Ulloa y la misoginia

<p>Los mecanismos de la misoginia son alucinantes<strong>. Un día eres un cineasta de prestigio y al día siguiente encadenas dos fracasos de taquilla y te pones a lanzar una vomitona machista </strong>contra tus compañeras cineastas porque tu loca cabeza conspiranoica cree que las directoras te están quitando las subvenciones (y atención a esto: ¡los espectadores!) de tus películas.</p>

Seguir leyendo

 Tras sus dos últimos estrenos fracasados, el cineasta ha decidido escupir en vez de aceptar lo obvio: que quizá su cine haya dejado de ser interesante, si es que algún día lo fue.  

Los mecanismos de la misoginia son alucinantes. Un día eres un cineasta de prestigio y al día siguiente encadenas dos fracasos de taquilla y te pones a lanzar una vomitona machista contra tus compañeras cineastas porque tu loca cabeza conspiranoica cree que las directoras te están quitando las subvenciones (y atención a esto: ¡los espectadores!) de tus películas.

Eso es lo que le ha pasado a Juanma Bajo Ulloa, que tras sus dos últimos estrenos fracasados, ha decidido escupir en vez de aceptar lo obvio: que quizá su cine haya dejado de ser interesante, si es que algún día lo fue.

No voy a utilizar esta columna para desmontar su discurso, porque ya lo hizo de maravilla Javier Zurro en su columna e Iñako Díaz-Guerra en su entrevista en este mismo medio hace varias semanas. Pero solo diré que si las cosas fueran como dice Juanma ningún director varón recibiría hoy una subvención y, sin embargo, ellos siguen recibiendo más del 65%.

Ya es mala suerte hablar de censura y de Inquisición woke justo cuando la película más taquillera de los últimos años está siendo Torrente Presidente. Y cuando dos de las películas más premiadas han sido Los domingos y Tardes de soledad. Religión, puros, señores y tauromaquia. Todo muy woke, claro. Todo muy de este tiempo en el que no se puede decir nada.

En realidad quiero hablar de la misógina. Porque la misoginia es una extraña mezcla entre los delirios de grandeza, el narcisismo y el odio que provoca que no se cumplan tus expectativas.

En Cómo acabar con la escritura de las mujeres, Joanna Russ recoge los métodos para invalidar, ignorar o minimizar el trabajo de las mujeres. La entrevista de Juanma con Díaz-Guerra es un compendio de esos métodos: considerar que todas las directoras hacen la misma película, ponerlas bajo sospecha, decir que muy pocas merecen la pena y que están ahí por paternalismo. Como si no hubiéramos vivido durante siglos bajo un sistema paternalista con los hombres que solo los premiaba por el hecho de ser hombres y como si ese sistema no estuviera perpetuado hasta ahora.

A los hijos misóginos del patriarcado habría que recordarles que si sus películas tuvieron tantas oportunidades en el pasado fue precisamente porque sus compañeras no tuvieron ninguna y no porque su talento como directores fuera descomunal. Quizá es eso lo que pasa, que cuando se equilibra un poco la balanza, los mediocres se quedan fuera. Mientras tanto qué vivan Coixet, Alauda, Carla Simón, Urresola, Funes y tantísimas directoras geniales.

 Cultura 

Noticias Similares