Martín Seco: «Sánchez pretende ser el salvador del mundo y no controla ni a su propio gobierno»

Juan Francisco Martín Seco (Madrid, 1944) atiende a THE OBJECTIVE tras publicar su nuevo libro, Panta Rei. No se trata esta vez de un ensayo, sino de una obra escrita «a modo de novela», en la que confluyen personajes de entornos sociales distintos en un entorno de agitación política, con la crisis económica de 2008, el 15-M, el procés y la moción de censura de Pedro Sánchez como telón de fondo.

Licenciado en Ciencias Económicas y en Filosofía y Letras, Martín Seco fue interventor General del Estado y Secretario General de Hacienda en el Gobierno de Felipe González, y ha pertenecido al consejo de administración de varias empresas públicas. Su inquietud intelectual lo ha llevado además a participar en consejos editoriales de periódicos, escribir columnas y a publicar una nutrida colección de títulos, entre ellos La economía, estúpidos, la economía (1993), Como la piel del camaleón (1994), La farsa neoliberal (1995), Economía, mentiras y trampas (2012), Contra el euro (2013) y Una historia insólita. El gobierno Frankenstein (2020).

PREGUNTA.- Escribe «a modo de novela», dice, porque si no corre el riesgo de que la gente no lo lea. ¿Cree que la sociedad actual tiene menos espacio para el pensamiento que hace unas décadas?

RESPUESTA.-  Es evidente. Las redes tienen elementos positivos, pero han reducido todo a muy pocas palabras. Incluso los políticos envían mensajes en eslóganes y no se pueden tratar los temas con profundidad. Los que escribimos artículos con frecuencia tenemos que hacer un gran esfuerzo porque los artículos y los libros suelen ser largos y la gente termina por no leerlos.

P.- ¿Piensa que esto ha influido en que la población sea menos crítica con sus gobernantes?

R.- No sé si menos crítica, pero sí que ha influido en que la crítica sea más deficiente y se mueva por eslóganes y consignas. Hoy, en el Congreso hay un debate sobre la guerra y todo se reduce a un eslogan: no a la guerra. Las poblaciones y los ciudadanos toman posiciones muchas veces por esas consignas más que por argumentos y razonamientos profundos. Hay una cierta superficialidad en la sociedad española.

P.- Parte de la obra transcurre por la crisis económica de 2008. ¿Podría volver a repetirse una situación similar a la vivida entonces?

R.- Yo creo que sí. La Unión Monetaria, unida a la inflación, ha dejado Europa en una situación muy inestable, salvada solo a base de que el Banco Central Europeo intervenga con medidas que incluso bordean los Tratados. Pero eso tiene sus límites,. Que hoy sigamos en la UE con un presupuesto totalmente insignificante y que las pocas cosas que hay entre países se hagan a base de deuda pública crea una situación de inestabilidad a largo plazo.

«El problema del 15-M surge cuando una parte crea un partido con prisa por llegar al poder»

P.- La crisis generó desencanto y surgió el 15-M, que usted recoge en la novela. ¿Cómo ha visto su evolución?

R.- En el libro distingo entre el 15-M y lo que vino después. El 15-M era la reacción de una sociedad joven, indignada por la situación económica y social. Toda indignación popular puede ser irreal, no se espera que den soluciones, sino que manifiesten su desánimo, su crítica. En las protestas de Mayo del 68, para los que somos muy viejos, se decía «Seamos realistas, pidamos lo imposible». Era un movimiento de protesta. Como lo fue el 15-M. El problema surge cuando parte de ese movimiento de protesta salta a la política y se convierte en un partido. Y la política no es un movimiento de contestación. La política tiene que pisar el suelo, y adecuar las soluciones a las circunstancias, porque si no, los efectos pueden ser contraproducentes. Y creo que ha habido mucho de esto. Y que es estos tuvieron una prisa enorme por llegar al poder, y entraron al Gobierno con inmadurez. Un movimiento de protesta no tiene nada que ver con las acciones de un gobierno.

P.- ¿Cree que si hubiesen tenido menos prisa, la situación en la que están Podemos y Sumar habría sido diferente?

R.- Bueno, aquí entra otro elemento, que es la transformación del socialismo en sanchismo. Luego aúnan fuerzas con Podemos y terminan en el Gobierno Frankenstein. Y un tercer factor añadido es la conversión del nacionalismo en golpismo. Todo eso lleva a la situación posterior. La situación de la extrema izquierda creo que sí sería diferente si no hubiesen entrado en el Gobierno. Pero la situación política no lo sé, porque depende mucho del sanchismo y del golpismo, es decir, de la unión del PSOE con golpismo y con filoterrorismo. Eso era algo que el mismo PSOE desechó cuando defenestró por primera vez a Pedro Sánchez de la secretaría general del partido.

P.- En el libro compara ciertos aspectos de Sánchez con Rodríguez Zapatero. ¿Qué Gobierno cree que ha funcionado mejor?

R.- Es que uno es continuación del otro. Zapatero tuvo varias etapas: empezó copiando la política económica Aznar, lo cual le llevó al desastre, y después se metió en vericuetos con nacionalistas, gente del entorno de ETA y populistas. Eso lo ha continuado Sánchez. Es verdad que Zapatero nunca se atrevió a dar el salto de pactar con los que acababan de dar un golpe de Estado y con los que defendían nuevamente la historia del terrorismo en España. Eso ha sido una particularidad de Sánchez para llegar al Gobierno como fuese, porque era la única manera de lograr al poder. Sánchez hubiera hecho una política totalmente distinta si la forma de llegar al Gobierno hubiese sido otra, porque lo único que le interesa es estar en la Moncloa. Y la manera de conseguirlo fue la moción de censura y la alianza con golpistas y filoetarras.

P.- ¿Cree que las diferencias dentro del Gobierno afectan a la economía española?

R.- Indudablemente. La situación como la que se vio el otro día, con los de ministros de Sumar negándose a entrar al Consejo de Ministros, fue un auténtico vodevil. Sánchez pretende ser el salvador del mundo internacional cuando no controla ni a su propio gobierno. Todo esto tiene consecuencias, en el sentido de que hay una acción populista. En definitiva, ellos se llaman «coalición progresista», pero en realidad es populista. Las medidas no tienen mucho sentido y solo buscan rédito electoral.

«El Gobierno se llama ‘coalición progresista’, pero son populistas. Solo buscan el rédito electoral»

P.- María Jesús Montero se va del Gobierno sin aprobar unos Presupuestos desde 2023. ¿Qué efectos tiene esto?

R.- Lo primero son los efectos democráticos. Nos estamos acostumbrando a situaciones antes inimaginables. Al final va a terminar la legislatura sin ningún Presupuesto aprobado. Desde el punto de vista democrático, es un auténtico sinsentido. No vamos a poder enterarnos muy bien de los efectos económicos hasta que no haya cambio de Gobierno, porque hay un oscurantismo total sobre el tema presupuestario. Es verdad que el Gobierno está paliando el asunto con otro recurso antidemocrático, el decreto ley ómnibus, que es una especie de chantaje a la oposición. Lo han hecho con las pensiones, con las medidas por la guerra… Todo eso hace que no sepamos qué está ocurriendo. Los años de Montero en el Ministerio de Hacienda han habido un cierre total a la prensa. Antes a los medios tradicionalmente se les convocaba al menos una vez cada trimestre. Eso ha desaparecido. Igual que nos sabemos nada de los fondos de recuperación europeos. La economía muchas veces no depende tanto del presupuesto como de las medidas que se tomen. Sánchez se vanagloria, pero el PIB está creciendo únicamente porque se están incorporando muchos inmigrantes, y se amplía el numero de habitantes en España. Pero realmente la población no vive mejor.

 Juan Francisco Martín Seco (Madrid, 1944) atiende a THE OBJECTIVE tras publicar su nuevo libro, Panta Rei. No se trata esta vez de un ensayo, sino  

Juan Francisco Martín Seco (Madrid, 1944) atiende a THE OBJECTIVE tras publicar su nuevo libro, Panta Rei. No se trata esta vez de un ensayo, sino de una obra escrita «a modo de novela», en la que confluyen personajes de entornos sociales distintos en un entorno de agitación política, con la crisis económica de 2008, el 15-M, el procés y la moción de censura de Pedro Sánchez como telón de fondo.

Licenciado en Ciencias Económicas y en Filosofía y Letras, Martín Seco fue interventor General del Estado y Secretario General de Hacienda en el Gobierno de Felipe González, y ha pertenecido al consejo de administración de varias empresas públicas. Su inquietud intelectual lo ha llevado además a participar en consejos editoriales de periódicos, escribir columnas y a publicar una nutrida colección de títulos, entre ellos La economía, estúpidos, la economía (1993), Como la piel del camaleón (1994), La farsa neoliberal (1995), Economía, mentiras y trampas (2012), Contra el euro (2013) y Una historia insólita. El gobierno Frankenstein (2020).

PREGUNTA.- Escribe «a modo de novela», dice, porque si no corre el riesgo de que la gente no lo lea. ¿Cree que la sociedad actual tiene menos espacio para el pensamiento que hace unas décadas?

RESPUESTA.-  Es evidente. Las redes tienen elementos positivos, pero han reducido todo a muy pocas palabras. Incluso los políticos envían mensajes en eslóganes y no se pueden tratar los temas con profundidad. Los que escribimos artículos con frecuencia tenemos que hacer un gran esfuerzo porque los artículos y los libros suelen ser largos y la gente termina por no leerlos.

P.- ¿Piensa que esto ha influido en que la población sea menos crítica con sus gobernantes?

R.- No sé si menos crítica, pero sí que ha influido en que la crítica sea más deficiente y se mueva por eslóganes y consignas. Hoy, en el Congreso hay un debate sobre la guerra y todo se reduce a un eslogan: no a la guerra. Las poblaciones y los ciudadanos toman posiciones muchas veces por esas consignas más que por argumentos y razonamientos profundos. Hay una cierta superficialidad en la sociedad española.

P.- Parte de la obra transcurre por la crisis económica de 2008. ¿Podría volver a repetirse una situación similar a la vivida entonces?

R.- Yo creo que sí. La Unión Monetaria, unida a la inflación, ha dejado Europa en una situación muy inestable, salvada solo a base de que el Banco Central Europeo intervenga con medidas que incluso bordean los Tratados. Pero eso tiene sus límites,. Que hoy sigamos en la UE con un presupuesto totalmente insignificante y que las pocas cosas que hay entrepaíses se hagan a base de deuda pública crea una situación de inestabilidad a largo plazo.

«El problema del 15-M surge cuando una parte crea un partido con prisa por llegar al poder»

P.- La crisis generó desencanto y surgió el 15-M, que usted recoge en la novela. ¿Cómo ha visto su evolución?

R.- En el libro distingo entre el 15-M y lo que vino después. El 15-M era la reacción de una sociedad joven, indignada por la situación económica y social. Toda indignación popular puede ser irreal, no se espera que den soluciones, sino que manifiesten su desánimo, su crítica. En las protestas de Mayo del 68, para los que somos muy viejos, se decía «Seamos realistas, pidamos lo imposible». Era un movimiento de protesta. Como lo fue el 15-M. El problema surge cuando parte de ese movimiento de protesta salta a la política y se convierte en un partido. Y la política no es un movimiento de contestación. La política tiene que pisar el suelo, y adecuar las soluciones a las circunstancias, porque si no, los efectos pueden ser contraproducentes. Y creo que ha habido mucho de esto. Y que es estos tuvieron una prisa enorme por llegar al poder, y entraron al Gobierno con inmadurez. Un movimiento de protesta no tiene nada que ver con las acciones de un gobierno.

P.- ¿Cree que si hubiesen tenido menos prisa, la situación en la que están Podemos y Sumar habría sido diferente?

R.- Bueno, aquí entra otro elemento, que es la transformación del socialismo en sanchismo. Luego aúnan fuerzas con Podemos y terminan en el Gobierno Frankenstein. Y un tercer factor añadido es la conversión del nacionalismo en golpismo. Todo eso lleva a la situación posterior. La situación de la extrema izquierda creo que sí sería diferente si no hubiesen entrado en el Gobierno. Pero la situación política no lo sé, porque depende mucho del sanchismo y del golpismo, es decir, de la unión del PSOE con golpismo y con filoterrorismo. Eso era algo que el mismo PSOE desechó cuando defenestró por primera vez a Pedro Sánchez de la secretaría general del partido.

P.- En el libro compara ciertos aspectos de Sánchez con Rodríguez Zapatero. ¿Qué Gobierno cree que ha funcionado mejor?

R.- Es que uno es continuación del otro. Zapatero tuvo varias etapas: empezó copiando la política económica Aznar, lo cual le llevó al desastre, y después se metió en vericuetos con nacionalistas, gente del entorno de ETA y populistas. Eso lo ha continuado Sánchez. Es verdad que Zapatero nunca se atrevió a dar el salto de pactar con los que acababan de dar un golpe de Estado y con los que defendían nuevamente la historia del terrorismo en España. Eso ha sido una particularidad de Sánchez para llegar al Gobierno como fuese, porque era la única manera de lograr al poder. Sánchez hubiera hecho una política totalmente distinta si la forma de llegar al Gobierno hubiese sido otra, porque lo único que le interesa es estar en la Moncloa. Y la manera de conseguirlo fue la moción de censura y la alianza con golpistas y filoetarras.

P.- ¿Cree que las diferencias dentro del Gobierno afectan a la economía española?

R.- Indudablemente. La situación como la que se vio el otro día, con los de ministros de Sumar negándose a entrar al Consejo de Ministros, fue un auténtico vodevil. Sánchez pretende ser el salvador del mundo internacional cuando no controla ni a su propio gobierno. Todo esto tiene consecuencias, en el sentido de que hay una acción populista. En definitiva, ellos se llaman «coalición progresista», pero en realidad es populista. Las medidas no tienen mucho sentido y solo buscan rédito electoral.

«El Gobierno se llama ‘coalición progresista’, pero son populistas. Solo buscan el rédito electoral»

P.- María Jesús Montero se va del Gobierno sin aprobar unos Presupuestos desde 2023. ¿Qué efectos tiene esto?

R.- Lo primero son los efectos democráticos. Nos estamos acostumbrando a situaciones antes inimaginables. Al final va a terminar la legislatura sin ningún Presupuesto aprobado. Desde el punto de vista democrático, es un auténtico sinsentido. No vamos a poder enterarnos muy bien de los efectos económicos hasta que no haya cambio de Gobierno, porque hay un oscurantismo total sobre el tema presupuestario. Es verdad que el Gobierno está paliando el asunto con otro recurso antidemocrático, el decreto ley ómnibus, que es una especie de chantaje a la oposición. Lo han hecho con las pensiones, con las medidas por la guerra… Todo eso hace que no sepamos qué está ocurriendo. Los años de Montero en el Ministerio de Hacienda han habido un cierre total a la prensa. Antes a los medios tradicionalmente se les convocaba al menos una vez cada trimestre. Eso ha desaparecido. Igual que nos sabemos nada de los fondos de recuperación europeos. La economía muchas veces no depende tanto del presupuesto como de las medidas que se tomen. Sánchez se vanagloria, pero el PIB está creciendo únicamente porque se están incorporando muchos inmigrantes, y se amplía el numero de habitantes en España. Pero realmente la población no vive mejor.

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