<p><strong>Mario Casas</strong> (A Coruña, 1986) cumple 40 años en junio. Un dato que hace sentirse viejo al resto, pero no a él, que está insultantemente en forma en<strong> ‘Zeta’</strong>, la película de espías que estrena el 20 de marzo en Prime Vídeo. Llega a esta edad sin nada que demostrar, al fin, ni al resto ni a sí mismo y en un estado de paz que transmite al hablar con él. Mario cada vez deja ver más a Mario.<br></p>
Los inminentes 40 no le asustan porque la edad le atacó un poco antes y la domó. «Fue una catarsis y ahora estoy en paz en el campo con mis animales», explica
Mario Casas (A Coruña, 1986) cumple 40 años en junio. Un dato que hace sentirse viejo al resto, pero no a él, que está insultantemente en forma en ‘Zeta’, la película de espías que estrena el 20 de marzo en Prime Vídeo. Llega a esta edad sin nada que demostrar, al fin, ni al resto ni a sí mismo y en un estado de paz que transmite al hablar con él. Mario cada vez deja ver más a Mario.
- Le ha costado acabar a la ficción española con el mito de Mortadelo. Nuestros espías son una cosa muy seria.
- Sí, sí, poca broma. Tuve la oportunidad de entrar en el CNI y hablar con espías y flipé bastante. Mi percepción antes de preparar el papel de Zeta provenía sobre todo de los cómics y las pelis, pero la realidad supera la ficción de largo. ¿Sabes lo más curioso para mí? Entender que los espías son actores, que tienen una vida personal en la que, excepto con su pareja y sus hijos mayores, están permanentemente interpretando un papel. Están escondidos y no cuentan la verdad de a lo que se dedican ni a sus mejores amigos. Todo el rato actuando como otra persona. Tiene que ser un movidón.
- Es llevar el Método al extremo, no salirse del papel en años.
- Exacto, como un actor megaintenso [risas]. Yo les preguntaba por su día a día, de qué hablan con el resto de padres cuando van al cole a recoger a los niños y, claro, es que en ese patio el espía es un informático o un panadero. Hostia, cuesta creer que se pueda vivir así. He flipado bastante y estoy muy satisfecho con que todos me han dicho que, entendiendo que es ficción, tanto la trama como nuestras interpretaciones son creíbles, que es un tema que me obsesionaba más allá de la peli en sí. Es que, por ejemplo, yo no había trabajado con armas en la vida.
- ¿Nunca?
- En Los hombres de Paco las llevábamos como atrezo y casi tenía gracia que no supiéramos cogerlas bien. Lo que importaba era la comedia. Pero aquí sí había una preparación seria con un militar estricto que nos enseñó que a la hora de utilizar y moverse con un arma todo es milimétrico. Estoy muy contento porque mi mejor amigo es policía y, cuando vio el cartel, donde salgo con una pistola, me escribió para decirme: «Menos mal que al fin veo a un tío que tiene las manos bien colocadas. Luego la peli igual es una mierda, pero enhorabuena sólo por eso» [risas].
- ¿Sales asustado de un rodaje así, pensando en la de cosas graves que pasan y no nos enteramos?
- Salgo entendiendo que hay muchísimas cosas que no sabemos y que la mayoría de veces es mejor porque el susto puede ser muy grande. No soy muy de conspiraciones, pero si centros como el CNI existen es por algo. Las amenazas a las que se enfrentan son muy reales. Al final ves una peli de espías, sobre todo estadounidense, y los Jack Reacher o los Bourne son personajes a los que no ves terrenales, no son muy humanos. Son más el espía casi superheroico de los cómics y de las novelas. Nosotros queríamos bajarlo a tierra al espía que vive con su madre y con su perro porque una misión anterior le ha salido mal y está tocado. Eso es mucho más cercano a la realidad. Me impresionó cuando me contaron que hay muchos más espías de los que creemos a nuestro alrededor. Por estadística, raro es que vayas a un concierto y no haya un par [risas].
- Vas a por los 40 y estás muy fuerte. Ya basta.
- [Risas] Sólo se ve en una escena, pero me maté para estarlo. Pensé que, ya que iba a hacer un espía, tenía que estar a la altura de la imagen que tiene la gente cuando ve este tipo de peli. Para un minuto, me estuve preparando meses. Me alegra que se note, al menos.
- Los cumples en tres meses, ¿acecha la crisis?.
- No, porque la pasé hace dos años, así que ahora, al menos por el momento, lo estoy llevando fenomenal. Pero cuando estaba rodando Muy lejos, viví una crisis casi existencial y di un cambio radical a mi vida, que viró hacia un nuevo lugar que tenía que ver con lo que de verdad quería y buscaba, con quién soy en realidad. Dejé de fumar, dejé de salir, me convertí en un tipo sano… Fue una catarsis, así que ahora llevo bien acercarme a los 40.
- Tienes el trabajo ya hecho.
- Eso espero, porque no fue fácil. Ahora estoy en un muy buen momento vital. Me conozco mejor mental, física y laboralmente, pero a la vez me siento aún joven. De todos modos no me fío, igual en la próxima entrevista te digo que me dio un bajón tremendo al cumplirlos. No sé, ahora los 40 ya no son para tanto y, pasado el susto inicial, creo que a los 42 o 43 vuelves a sentirte joven. Me está saliendo alguna canita, pero el otro día, entrenando artes marciales mixtas con unos chavalitos, me dijeron que estaba de puta madre para mi edad y con eso me voy a quedar [risas].
- Lo de «para tu edad» es jodido.
- Sí, sí, también lo pensé, pero les aguanto el ritmo.
- Llegas a esta madurez con una carrera absolutamente consolidada por la que muy poca gente apostaba cuando tenías 20. ¿Sientes que has ganado a los haters?
- Bueno, lo primero, como tú sabes, en las carreras de actor puede suceder cualquier cosa en cualquier momento y desapareces, estamos muy expuestos. Eso aún puede pasar, pero es cierto que tengo una estabilidad muy bonita que me permite poder vivir fuera de Madrid, en el campo con mis animales y poder ir decidiendo qué me apetece hacer y qué no. Ahora puedo elegir y eso es un privilegio total en un oficio donde muchos actores, yo mismo en otras épocas, tienen que decir a todo que sí para pagar el alquiler y porque crees que no te van a volver a llamar. Yo ahora tengo una estabilidad económica y emocional que me hace estar en un estado que no llamaría felicidad, pero sí paz. En eso, empezar a dirigir me ha ayudado mucho y me ha colocado en otro lugar.
- ¿Has tenido que demostrar más que el resto para llegar aquí?
- Es posible, pero no soy rencoroso ni vengativo ni ahora paso facturas. Que me pasara lo que me pasó siendo joven, que se me diese caña de más y se me quisiera encasillar por el tipo de actor que empecé siendo y por lo que funcionaba de mí con el público, que era aquello del guapo y tal, me acabó ayudando. Doy gracias porque aquello me hizo querer demostrar, tal vez de más, que valía y me permitió llegar a donde estoy hoy. Sin esas críticas y esos prejuicios, igual me habría acomodado a hacer siempre cosas tipo Tres metros sobre el cielo o Palmeras en la nieve.
- Usaste los prejuicios como gasolina.
- Sí. Ya no me importa tanto lo que se diga de mí, pero, durante años, la crítica que creía injusta sí me hizo esforzarme mucho más. Tal vez eso me hizo tirarme más a la piscina y jugármela con papeles que no eran los que se esperaban de mí, los que aparentemente me encajaban y los que más me ofrecían. Seguramente mi carrera hubiera sido diferente, para mal, si no me hubieran pegado tanto. Ahora le está pasando a mi hermano Óscar, pero su sambenito es peor que el mío.
- ¿Por qué?
- Porque yo era el guapito o el chulito, pero él es el hermano de y esa es una montaña todavía más alta que escalar. Lo hablamos bastante, me lo dice y tiene toda la razón del mundo. Soy el hermano mayor, llevo muchísimos años, he protagonizado proyectos que han hecho ruido y él tiene que hacer su carrera con la sombra permanente de la mía. Me fastidia porque Óscar, aparte de ser más disciplinado y más inteligente emocionalmente que yo, es mejor actor. Coges El barco o cualquiera de las cosas que yo hice con la edad que tiene él ahora, lo comparas con sus curros y no hay color. Otra cosa es que mi carrera detonó a lo bestia y, encima, en cine, que te da un aura más de ensueño, pero Óscar es mejor actor, es objetivo, lo que pasa es que tiene un sambenito muy grande. En vez de matar al padre, tiene que matar al hermano mayor.
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