Vida y milagros (literarios) de Álvaro Pombo

Con sus aires de capitán Ahab varado en Argüelles, su personalidad vehemente y heterodoxa, y su literatura al mismo tiempo grácil y profunda, irónica y filosófica, Álvaro Pombo iba para escritor excéntrico. Pero la calidad de su obra lo ha acabado convirtiendo en canónico y multipremiado, incluido el Cervantes, con el que fue galardonado en 2024.

Llega ahora, a sus 87 años, una biografía en vida: Donde Álvaro Pombo (Anagrama), escrita por Mario Crespo López, que es amigo y admirador (no esclavo ni siervo, no vayamos a confundirlo con el López Vázquez de Atraco a las tres y su mítica frase). Lo cual quiere decir que esta es una biografía cordial y laudatoria. De modo que los del colmillo retorcido pueden abstenerse, porque no encontrarán aquí ni chismes ni maledicencias.

Los demás lectores, y sobre todo los entusiastas del biografiado, harán bien en prestarle atención, porque propone un recorrido ameno y muy solvente por la vida y la obra de Pombo. El volumen incorpora además algunos textos —cartas, artículos, discursos— inéditos o poco conocidos del escritor, como un listado de sus libros de cabecera, unas reflexiones sobre lo que significó la década pasada en Londres y una carta a su admirada Iris Murdoch.

Las más de 500 páginas del volumen podrían dividirse en dos bloques. En el primero se recorren los años de formación: la infancia santanderina como vástago de una familia de la aristocracia de provincias; la primera estancia en Madrid como estudiante universitario, y los 11 años pasados en Londres. Fue allí un joven solitario y «falto de sustancia» -concepto que formará parte del título de uno de sus volúmenes de cuentos-, que se ganó la vida como limpiador y estudió filosofía en el Birkbeck College.

Pombo se pasa una década picando piedra como incipiente escritor, poeta primero y narrador después. Se va abriendo camino en el mundo de las letras y conoce y admira al sarcástico y petulante Juan Benet, forjador de esa meticulosa y densa prosa-ladrillo, tan influyente entre los jóvenes escritores de entonces. Un estilo que está en las antípodas del de Pombo, que tiene el don de la liviandad con sustancia, de la profundidad sin espesura.

El segundo bloque del libro es el que se centra en su carrera literaria y aquí el tono cambia un poco, porque el relato del periplo vital se combina con el comentario de cada obra: la recepción crítica y el lugar que ocupa en la producción pombiana. El momento en que pasa de sufrido aspirante a emblema de lo que se denominará la nueva narrativa española, tiene fecha concreta. Todo cambia para él cuando en 1983 gana la primera convocatoria del Premio Herralde con El héroe de las mansardas de Mansard. Como tenía varias novelas en el cajón, presentó ese año al premio otros cuatro originales más, uno de los cuales, El hijo adoptivo, quedó finalista y fue también publicado.

Apuesta de Jorge Herralde

El héroe de las mansardas de Mansard no solo ganó el premio Herralde, sino que inauguró Narrativas Hispánicas de Anagrama. Una colección crucial en la construcción del fenómeno de la nueva narrativa española, del que forman parte Javier Marías (cuyo salto al estrellato se produce también en Anagrama), Vicente Molina Foix y Juan José Millás (el único que no publica en esta editorial).

En el despegue de la carrera literaria de Álvaro Pombo será fundamental la sostenida apuesta que por él hace el editor Jorge Herralde. En esa época, también respaldó al entonces excéntrico profesional y hoy ya mainstream Enrique Vila-Matas -que acaba de ganar el Premio Nacional de las Letras-, con un empeño meritorio, porque las ventas de sus libros fueron durante años paupérrimas.

Es paradigmático del funcionamiento del mercado editorial español que ambos autores acabaran saltando a la competencia, los dos al ávido grupo Planeta. En el caso de Pombo, hubiera sido tonto renunciar al Premio Planeta que le ponían en bandeja con sus milloncejos. Lo ganó en 2006 con La fortuna de Matilda Turpin (en 1980 había llegado a finalista en la edición que ganó Volavérunt, del uruguayo Antonio Larreta). Después, dentro del mismo grupo editorial, le dieron el Nadal, en 2012 por El temblor del héroe. Sin embargo, su etapa fuera de Anagrama es la menos interesante de su carrera y durante esos años su perfil literario se desdibuja un poco.

Es en esta editorial donde publica los mejores títulos de una larga trayectoria en la que hay un poco de todo: obras maestras, extravagancias, divertimentos y libros menores. Lo mejor de su producción se concentra en la década de los noventa del pasado siglo, con tres títulos mayúsculos —El metro de platino iridiado, Donde las mujeres y La cuadratura del círculo—, a los que se añaden otros logros, ya en el siglo XXI, como El cielo raso y Contra natura. El regreso definitivo a Anagrama tras los años en Planeta lo marca en 2023 otra novela de altura: Santander 1936, en la que vuelve al imaginario de la infancia y el mundo familiar, ya presente en El héroe de las mansardas de Mansard.

Aire británico

La infancia es uno de los temas de su obra, junto con la homosexualidad —con una mirada muy personal, alejada de las frivolidades gays—, los dilemas éticos, el sustrato cristiano y la búsqueda de la bondad. La biografía de Mario Crespo no olvida apuntar la proyección pública de Pombo, que en un tiempo fue una figura televisiva más o menos asidua (lo cual le sirvió para escribir Telepena de Celia Cecilia Villalobos) y después se metió en política con UPyD. Dejó intervenciones públicas que se hicieron célebres y algunas declaraciones polémicas, como sus dudas sobre el matrimonio homosexual.

La estancia en Londres le dejó cierto aire británico (aunque como british hispánico Javier Marías siempre fue imbatible), que casa bien con su sano liberalismo. Una postura ideológica que lo convierte en una rara avis en las letras españolas, siempre escoradas hacia el izquierdismo dogmático, con algún que otro aspirante a comisario político.

El propio Pombo se define a sí mismo como «hombre inteligente, guasón y cristiano, homosexual y santo, todo eso junto, claro». Y apunta su biógrafo que «lo que más le gusta, divierte y estimula es escribir. Le interesa la escritura como clarificación del mundo».

 Con sus aires de capitán Ahab varado en Argüelles, su personalidad vehemente y heterodoxa, y su literatura al mismo tiempo grácil y profunda, irónica y filosófica,  

Con sus aires de capitán Ahab varado en Argüelles, su personalidad vehemente y heterodoxa, y su literatura al mismo tiempo grácil y profunda, irónica y filosófica, Álvaro Pombo iba para escritor excéntrico. Pero la calidad de su obra lo ha acabado convirtiendo en canónico y multipremiado, incluido el Cervantes, con el que fue galardonado en 2024.

Llega ahora, a sus 87 años, una biografía en vida: Donde Álvaro Pombo (Anagrama), escrita por Mario Crespo López, que es amigo y admirador (no esclavo ni siervo, no vayamos a confundirlo con el López Vázquez de Atraco a las tres y su mítica frase). Lo cual quiere decir que esta es una biografía cordial y laudatoria. De modo que los del colmillo retorcido pueden abstenerse, porque no encontrarán aquí ni chismes ni maledicencias.

Los demás lectores, y sobre todo los entusiastas del biografiado, harán bien en prestarle atención, porque propone un recorrido ameno y muy solvente por la vida y la obra de Pombo. El volumen incorpora además algunos textos —cartas, artículos, discursos— inéditos o poco conocidos del escritor, como un listado de sus libros de cabecera, unas reflexiones sobre lo que significó la década pasada en Londres y una carta a su admirada Iris Murdoch.

Las más de 500 páginas del volumen podrían dividirse en dos bloques. En el primero se recorren los años de formación: la infancia santanderina como vástago de una familia de la aristocracia de provincias; la primera estancia en Madrid como estudiante universitario, y los 11 años pasados en Londres. Fue allí un joven solitario y «falto de sustancia» -concepto que formará parte del título de uno de sus volúmenes de cuentos-, que se ganó la vida como limpiador y estudió filosofía en el Birkbeck College.

Pombo se pasa una década picando piedra como incipiente escritor, poeta primero y narrador después. Se va abriendo camino en el mundo de las letras y conoce y admira al sarcástico y petulante Juan Benet, forjador de esa meticulosa y densa prosa-ladrillo, tan influyente entre los jóvenes escritores de entonces. Un estilo que está en las antípodas del de Pombo, que tiene el don de la liviandad con sustancia, de la profundidad sin espesura.

El segundo bloque del libro es el que se centra en su carrera literaria y aquí el tono cambia un poco, porque el relato del periplo vital se combina con el comentario de cada obra: la recepción crítica y el lugar que ocupa en la producción pombiana. El momento en que pasa de sufrido aspirante a emblema de lo que se denominará la nueva narrativa española, tiene fecha concreta. Todo cambia para él cuando en 1983 gana la primera convocatoria del Premio Herralde con El héroe de las mansardas de Mansard. Como tenía varias novelas en el cajón, presentó ese año al premio otros cuatro originales más, uno de los cuales, El hijo adoptivo, quedó finalista y fue también publicado.

El héroe de las mansardas de Mansard no solo ganó el premio Herralde, sino que inauguró Narrativas Hispánicas de Anagrama. Una colección crucial en la construcción del fenómeno de la nueva narrativa española, del que forman parte Javier Marías (cuyo salto al estrellato se produce también en Anagrama), Vicente Molina Foix y Juan José Millás (el único que no publica en esta editorial).

En el despegue de la carrera literaria de Álvaro Pombo será fundamental la sostenida apuesta que por él hace el editor Jorge Herralde. En esa época, también respaldó al entonces excéntrico profesional y hoy ya mainstream Enrique Vila-Matas -que acaba de ganar el Premio Nacional de las Letras-, con un empeño meritorio, porque las ventas de sus libros fueron durante años paupérrimas.

Es paradigmático del funcionamiento del mercado editorial español que ambos autores acabaran saltando a la competencia, los dos al ávido grupo Planeta. En el caso de Pombo, hubiera sido tonto renunciar al Premio Planeta que le ponían en bandeja con sus milloncejos. Lo ganó en 2006 con La fortuna de Matilda Turpin (en 1980 había llegado a finalista en la edición que ganó Volavérunt, del uruguayo Antonio Larreta). Después, dentro del mismo grupo editorial, le dieron el Nadal, en 2012 por El temblor del héroe. Sin embargo, su etapa fuera de Anagrama es la menos interesante de su carrera y durante esos años su perfil literario se desdibuja un poco.

Es en esta editorial donde publica los mejores títulos de una larga trayectoria en la que hay un poco de todo: obras maestras, extravagancias, divertimentos y libros menores. Lo mejor de su producción se concentra en la década de los noventa del pasado siglo, con tres títulos mayúsculos —El metro de platino iridiado, Donde las mujeres y La cuadratura del círculo—, a los que se añaden otros logros, ya en el siglo XXI, como El cielo raso y Contra natura. El regreso definitivo a Anagrama tras los años en Planeta lo marca en 2023 otra novela de altura: Santander 1936, en la que vuelve al imaginario de la infancia y el mundo familiar, ya presente en El héroe de las mansardas de Mansard.

La infancia es uno de los temas de su obra, junto con la homosexualidad —con una mirada muy personal, alejada de las frivolidades gays—, los dilemas éticos, el sustrato cristiano y la búsqueda de la bondad. La biografía de Mario Crespo no olvida apuntar la proyección pública de Pombo, que en un tiempo fue una figura televisiva más o menos asidua (lo cual le sirvió para escribir Telepena de Celia Cecilia Villalobos) y después se metió en política con UPyD. Dejó intervenciones públicas que se hicieron célebres y algunas declaraciones polémicas, como sus dudas sobre el matrimonio homosexual.

La estancia en Londres le dejó cierto aire británico (aunque como british hispánico Javier Marías siempre fue imbatible), que casa bien con su sano liberalismo. Una postura ideológica que lo convierte en una rara avis en las letras españolas, siempre escoradas hacia el izquierdismo dogmático, con algún que otro aspirante a comisario político.

El propio Pombo se define a sí mismo como «hombre inteligente, guasón y cristiano, homosexual y santo, todo eso junto, claro». Y apunta su biógrafo que «lo que más le gusta, divierte y estimula es escribir. Le interesa la escritura como clarificación del mundo».

 Noticias de Cultura: Última hora de hoy en THE OBJECTIVE

Noticias Similares