Estamos ante tres series recientes muy distintas entre sí. Solo tienen en común, eso sí, el hecho de abordar la violencia contra la mujer en sus muy variadas vertientes. No es poca cosa. De distintas nacionalidades —española, inglesa y estadounidenses—, abordan aspectos muy diferentes de esta lacra social que comparte el mundo entero.
Sus protagonistas son mujeres de muy dispares clases sociales, desde víctimas de pobreza extrema en Latinoamérica, hasta acomodadas ejecutivas de clase media en capitales occidentales. Hay profesionales de prestigio y chicas atrapadas en el submundo de la prostitución. Algunas de sus historias están basadas en hechos reales y otras bien pudieran estarlo, aunque son pura ficción. El panorama no puede ser más amplio.
Comencemos por la última en estrenarse. Se trata de la española El Castillo (Elena Martín y Sandra Lozano, 2026), uno de los grandes éxitos de este año en Movistar Plus. Realizada a partir del libro de investigación El proxeneta, de la incansable luchadora Mabel Lozano, cuenta la historia de la jovencísima colombiana Claudia, madre de un niño enfermo, a la que las necesidades económicas llevan a caer en las redes de un despiadado compatriota, que le ofrece la posibilidad de alcanzar el pretendido paraíso español: plata rápida.
Le adelanta el dinero del pasaje, la primera de una serie de interminables deudas, que la atarán a su fatídico destino y convertirán en una inalcanzable quimera la prometida plata rápida. El colombiano la pone en manos de su contacto en España, el proxeneta el Suizo, un transformado e inmenso Raúl Arévalo.
Una vez en sus redes, a la joven Claudia le resulta imposible escapar. Con el pasaporte retenido por sus jefes (sería más adecuado decir amos) y su familia amenazada en Colombia ante cualquier problema que ella plantee en España, se encuentra prisionera y obligada a hacer cuanto le ordenen, le guste o no. Imposible escapar, a sus captores no les hace falta ni cerrar la puerta.
Estamos en la España de finales de los noventa y principios de los dos mil, la de la llegada del euro. Una España del pelotazo en la que los chulos se hacen cada día más ricos y más sofisticados en sus métodos, mientras las chicas van languideciendo, convirtiéndose cada vez más en mercancía para satisfacer a la clientela, no muy diferente a la coca o al alcohol.
La serie, valiente y descarnada, constituye una denuncia no solo de los explotadores, sino de la propia sociedad española, impregnada de machismo, que considera cínicamente que si las chicas se dedican a eso, será que les sale rentable. Repasa la frustrante labor de jueces y policías, que poco pueden hacer ante la falta de instrumentos jurídicos para luchar contra la trata. Una indefinición legal que los proxenetas aprovechan para exprimir su negocio.
La historia remite a los últimos años noventa, pero también podría suceder, con muy pocas variantes, hoy mismo, un cuarto de siglo después, donde se siguen desmantelando prostíbulos para acto seguido ver cómo se abren otros nuevos. Donde la situación de las chicas que trabajan «a deuda» sigue siendo tan inhumana como entonces. Donde sigue sin vislumbrarse una solución definitiva a un drama que parece no tener final.
La serie británica Creednos (Julia Ford, 2026) se basa también en una historia real. Ocurrió en Londres entre los años 2007 y 2009. El taxista John Worboys, un hombre familiar con fama de atento y poco sospechoso, recogía a mujeres a altas horas de la madrugada, a la salida de bares nocturnos y discotecas. La mayoría de ellas había bebido o había consumido algún tipo de droga.
Las llevaba a sus casas. Durante el camino, Worboys se mostraba muy amable con ellas. Incluso las invitaba a una copa para tomar la última. Esa compa escondía un somnífero que dejaba a las mujeres medio inconscientes. Durante una parada, abusaba de ellas antes de llevarlas a sus casas. A algunas incluso las ayudaba a entrar a su domicilio.
Al día siguiente, las chicas se mostraban confusas. Tenían la sensación de que habían sido víctimas de abusos, pero no eran muy conscientes de lo sucedido, lo que impedía que en casi ningún caso denunciaran. Inseguridad, vergüenza —tendrían que confesar que habían bebido—, les impedían ir a la policía. Además, ¿quién no iba a creer a un sacrificado trabajador del taxi que depositaba puntualmente a las mujeres en sus casas, muchas veces incluso sin cobrarles nada?
Total, solo 14 mujeres denunciaron al taxista, mientras la policía daba más crédito al entregado conductor, que nunca se ocultó, que a las chicas que volvían a casa de madrugada «solas y borrachas». Finalmente, en 2009, las víctimas reunieron pruebas suficientes para condenar al acusado. Al conocer la sentencia, más de 100 mujeres sumaron sus denuncias contra el taxista abusador.
Aunque tenga el mismo título, la historia del «violador del taxi negro» no tiene nada que ver con Believe me. The Abduction of Lisa McVey (Jim Donovan, 2018), serie canadiense basada también en un hecho real, que cuenta la historia de una chica de 17 años a la que secuestran y violan, pero nadie en su familia disfuncional la cree. Solo se interesará por su caso una agente convencida de que ha sido víctima de la acción de un asesino en serie.
Furious (Elizabeth Meriwether 2026) se acerca al problema de la violencia contra la mujer de una forma poco frecuente. Aborda los malos tratos a partir de la relación entre dos mujeres enfrentadas: una agente del FBI y la asesina en serie a la que persigue. Según vamos conociendo más detalles, descubrimos lo mucho que tienen en común las dos mujeres.
Esta vez se trata de pura ficción para indagar en los ocultos mecanismos de la violencia, tanto en los agresores como en las propias víctimas. La asesina es una menor de edad, víctima de abusos y de trata, que decide exterminar, uno por uno, no solo a quienes abusaron de ella, sino también a quienes comerciaron con su cuerpo.
Se enfrenta a una organización clandestina de poderosos prohombres, que se protegen entre sí y que utilizan a las chicas menores como pago por favores. Con apariencia de honorabilidad, gobiernan sus negocios recurriendo a los métodos más siniestros, entre los que destaca el tráfico de menores.
La agente del FBI Alice Black, que dejó temporalmente el departamento por unos misteriosos desequilibrios psicológicos, es víctima también de los malos tratos por parte de su exmarido y excompañero de la agencia.
En la persecución de la sigilosa y metódica asesina en serie, se da cuenta de que cada vez se siente más identificada con ella. Sobre todo, al comprobar cómo los tentáculos de esa organización de hombres poderosos llegan hasta interferir en su propia investigación. Llega un momento en que se identifica con la asesina en serie y que ella estaría dispuesta a recurrir a los mismos métodos para vengar los abusos. La línea que separa el bien del mal, cuando la sociedad no es capaz de protegernos, se vuelve cada vez más delgada.
Hay series que nos dejan un buen sabor de boca o que nos compensan con un buen rato de entretenimiento. No es el caso de ninguna de estas tres. Uno de los principales problemas de la trata, la prostitución o los abusos es que la sociedad suele mirar para otro lado. Lo que intentan estas tres historias es que miremos al problema de frente, que nos sintamos incómodos. En suma, que, tras su visionado, dejemos de mirar para otro lado, por amargo que sea el sabor que nos dejan.
Estamos ante tres series recientes muy distintas entre sí. Solo tienen en común, eso sí, el hecho de abordar la violencia contra la mujer en sus
Estamos ante tres series recientes muy distintas entre sí. Solo tienen en común, eso sí, el hecho de abordar la violencia contra la mujer en sus muy variadas vertientes. No es poca cosa. De distintas nacionalidades —española, inglesa y estadounidenses—, abordan aspectos muy diferentes de esta lacra social que comparte el mundo entero.
Sus protagonistas son mujeres de muy dispares clases sociales, desde víctimas de pobreza extrema en Latinoamérica, hasta acomodadas ejecutivas de clase media en capitales occidentales. Hay profesionales de prestigio y chicas atrapadas en el submundo de la prostitución. Algunas de sus historias están basadas en hechos reales y otras bien pudieran estarlo, aunque son pura ficción. El panorama no puede ser más amplio.
Comencemos por la última en estrenarse. Se trata de la española El Castillo (Elena Martín y Sandra Lozano, 2026), uno de los grandes éxitos de este año en Movistar Plus. Realizada a partir del libro de investigación El proxeneta, de la incansable luchadora Mabel Lozano, cuenta la historia de la jovencísima colombiana Claudia, madre de un niño enfermo, a la que las necesidades económicas llevan a caer en las redes de un despiadado compatriota, que le ofrece la posibilidad de alcanzar el pretendido paraíso español: plata rápida.
Le adelanta el dinero del pasaje, la primera de una serie de interminables deudas, que la atarán a su fatídico destino y convertirán en una inalcanzable quimera la prometida plata rápida. El colombiano la pone en manos de su contacto en España, el proxeneta el Suizo, un transformado e inmenso Raúl Arévalo.
Una vez en sus redes, a la joven Claudia le resulta imposible escapar. Con el pasaporte retenido por sus jefes (sería más adecuado decir amos) y su familia amenazada en Colombia ante cualquier problema que ella plantee en España, se encuentra prisionera y obligada a hacer cuanto le ordenen, le guste o no. Imposible escapar, a sus captores no les hace falta ni cerrar la puerta.
Estamos en la España de finales de los noventa y principios de los dos mil, la de la llegada del euro. Una España del pelotazo en la que los chulos se hacen cada día más ricos y más sofisticados en sus métodos, mientras las chicas van languideciendo, convirtiéndose cada vez más en mercancía para satisfacer a la clientela, no muy diferente a la coca o al alcohol.
La serie, valiente y descarnada, constituye una denuncia no solo de los explotadores, sino de la propia sociedad española, impregnada de machismo, que considera cínicamente que si las chicas se dedican a eso, será que les sale rentable. Repasa la frustrante labor de jueces y policías, que poco pueden hacer ante la falta de instrumentos jurídicos para luchar contra la trata. Una indefinición legal que los proxenetas aprovechan para exprimir su negocio.
La historia remite a los últimos años noventa, pero también podría suceder, con muy pocas variantes, hoy mismo, un cuarto de siglo después, donde se siguen desmantelando prostíbulos para acto seguido ver cómo se abren otros nuevos. Donde la situación de las chicas que trabajan «a deuda» sigue siendo tan inhumana como entonces. Donde sigue sin vislumbrarse una solución definitiva a un drama que parece no tener final.
La serie británica Creednos (Julia Ford, 2026) se basa también en una historia real. Ocurrió en Londres entre los años 2007 y 2009. El taxista John Worboys, un hombre familiar con fama de atento y poco sospechoso, recogía a mujeres a altas horas de la madrugada, a la salida de bares nocturnos y discotecas. La mayoría de ellas había bebido o había consumido algún tipo de droga.
Las llevaba a sus casas. Durante el camino, Worboys se mostraba muy amable con ellas. Incluso las invitaba a una copa para tomar la última. Esa compa escondía un somnífero que dejaba a las mujeres medio inconscientes. Durante una parada, abusaba de ellas antes de llevarlas a sus casas. A algunas incluso las ayudaba a entrar a su domicilio.
Al día siguiente, las chicas se mostraban confusas. Tenían la sensación de que habían sido víctimas de abusos, pero no eran muy conscientes de lo sucedido, lo que impedía que en casi ningún caso denunciaran. Inseguridad, vergüenza —tendrían que confesar que habían bebido—, les impedían ir a la policía. Además, ¿quién no iba a creer a un sacrificado trabajador del taxi que depositaba puntualmente a las mujeres en sus casas, muchas veces incluso sin cobrarles nada?
Total, solo 14 mujeres denunciaron al taxista, mientras la policía daba más crédito al entregado conductor, que nunca se ocultó, que a las chicas que volvían a casa de madrugada «solas y borrachas». Finalmente, en 2009, las víctimas reunieron pruebas suficientes para condenar al acusado. Al conocer la sentencia, más de 100 mujeres sumaron sus denuncias contra el taxista abusador.
Aunque tenga el mismo título, la historia del «violador del taxi negro» no tiene nada que ver con Believe me. The Abduction of Lisa McVey (Jim Donovan, 2018), serie canadiense basada también en un hecho real, que cuenta la historia de una chica de 17 años a la que secuestran y violan, pero nadie en su familia disfuncional la cree. Solo se interesará por su caso una agente convencida de que ha sido víctima de la acción de un asesino en serie.
Furious (Elizabeth Meriwether 2026) se acerca al problema de la violencia contra la mujer de una forma poco frecuente. Aborda los malos tratos a partir de la relación entre dos mujeres enfrentadas: una agente del FBI y la asesina en serie a la que persigue. Según vamos conociendo más detalles, descubrimos lo mucho que tienen en común las dos mujeres.
Esta vez se trata de pura ficción para indagar en los ocultos mecanismos de la violencia, tanto en los agresores como en las propias víctimas. La asesina es una menor de edad, víctima de abusos y de trata, que decide exterminar, uno por uno, no solo a quienes abusaron de ella, sino también a quienes comerciaron con su cuerpo.
Se enfrenta a una organización clandestina de poderosos prohombres, que se protegen entre sí y que utilizan a las chicas menores como pago por favores. Con apariencia de honorabilidad, gobiernan sus negocios recurriendo a los métodos más siniestros, entre los que destaca el tráfico de menores.
La agente del FBI Alice Black, que dejó temporalmente el departamento por unos misteriosos desequilibrios psicológicos, es víctima también de los malos tratos por parte de su exmarido y excompañero de la agencia.
En la persecución de la sigilosa y metódica asesina en serie, se da cuenta de que cada vez se siente más identificada con ella. Sobre todo, al comprobar cómo los tentáculos de esa organización de hombres poderosos llegan hasta interferir en su propia investigación. Llega un momento en que se identifica con la asesina en serie y que ella estaría dispuesta a recurrir a los mismos métodos para vengar los abusos. La línea que separa el bien del mal, cuando la sociedad no es capaz de protegernos, se vuelve cada vez más delgada.
Hay series que nos dejan un buen sabor de boca o que nos compensan con un buen rato de entretenimiento. No es el caso de ninguna de estas tres. Uno de los principales problemas de la trata, la prostitución o los abusos es que la sociedad suele mirar para otro lado. Lo que intentan estas tres historias es que miremos al problema de frente, que nos sintamos incómodos. En suma, que, tras su visionado, dejemos de mirar para otro lado, por amargo que sea el sabor que nos dejan.
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